martes, 12 de febrero de 2019

El nuevo continente

Sucede en un instante, todo cambia sin esperarlo, aparece la respuesta a la pregunta que nunca hiciste, pero era el interrogante que tenías que hacer. La entrada al mirador que te permite ver todo con mayor distancia y claridad. Instante que descubrís algo nuevo en ese mismo paisaje que estabas mirando desde hace tiempo, pero no vuelve a ser igual, nada se mantiene constante menos en el interior de las personas. Ese gesto idéntico a otros, se transforma, porque no es el qué sino el quién. Justo ese segundo donde se te mueve todo o deja de hacerlo.
Ese espacio temporal que se descubre la pregunta errónea, no era el porqué no se puede cambiar la corriente de un río sino por qué uno quiere ir contracorriente y algo que estaba adelante de tus ojos era invisible, pero se vuelve primordial al ser alcanzado por tu percepción dormida. 
La tormenta paró, las nubes se fueron volando, existe ese segundo cuando no hay vuelta atrás, todo cambia. Sin esperarlo aparece la respuesta a una pregunta que no te hacías. En ese mismo paisaje que estabas mirando descubrís todas las cosas que no viste antes, por ceguera o por negación, tal vez inmadurez para poner el ojo donde tiene que ir la bala. 
El acto que antes fue insignificante, de repente obtiene una carga simbólica para moverlo todo o dejarlo quieto. Es un segundo, donde sucedió, ese instante imperceptible para el resto pero no para el que lo descubre. Las miradas y el punto de vista individual, algo que todos observan pero nadie decía por ser obvio, por estar ahí, ese elefante en el cuarto del que nadie habla. 
La imitación de Skinner que deja el telescopio un instante para que Bart descubra el asteroide, que se estrellaría contra la tierra tarde o temprano. 
La mirada donde no tenía que estar, el corazón puesto en el caballo equivocado, poner el premio para alguien que no quería correr la carrera, maldito trueno que te atraviesa hasta los huesos. 
Ese instante maldito que las pupilas se achicaron y entró más luz para poder ver todo con más claridad.
La banda sonora que se escucharía al comprender todo de un golpe, como recuperar la memoria después de darse la cabeza con todo. La perdiste o la ganaste.
Ese momento preciso donde todo cambia y comienza a girar, la rueda de la fortuna o el infortunio, como una fiesta sorpresa. La maldita memoria emotiva, podés olvidarte de todo menos de lo que te hicieron sentir, por años o por un instante, y cuando todo toma un giro que no estabas preparado, la vida te sorprende dando vueltas en mi cama o en otra, pero ya no importa, porque en el paisaje se pudo ver, ese árbol que ni viste, ese mundo explota por lo que era invisible hasta hace un segundo atrás ¿abriste los ojos o abriste el corazón? El principito no estaba jodiendo cuando hablaba de lo esencial.
Pero si todo el tiempo estuvo ahí, cómo pudo ser tan impuntal la realidad de no presentarse antes al encuentro. Embrollo que causan las cosas a destiempo, jugar a no mostrar por si todo sale mal, jugar a no decir para no tener que explicar que hay cosas que llegan al ojo para quedarse, una mirada, un beso, un abrazo, un te amo, tanto sean deseados como no.
Entonces solo queda el silencio, para que dar razones y excusas, mejor callar, desde el espacio sentir y disfrutar ese nuevo descubrimiento, las Américas delante de los ojos de un Colón que pensaba haber llegado a la India, ahora se sabe llegado al nuevo continente.


No hay comentarios:

Publicar un comentario