Por alguna razón Martín nunca se enamoraba de la chica correcta, pero lo analizaba constantemente.
La miraba, solía hacer una lista de pros y contras, tratando de hacer una resolución lógica del porqué debía estar con la mujer que estaba comenzando a sentir amor. Casi que intentaba convencerse que su elección era la correcta, trataba de elegir al amor de su vida, no solo con el corazón sino también con la cabeza.
Proyectaba e imaginaba futuro, un para siempre lleno de felicidades.
Martín no entendía, no sabía todavía que necesitaba otra cosa.
Tal vez el mundo nos manda a aprender y no sentir, a rompernos para entender como armarnos, a sufrir para lograr entender que el amor siempre va a vencer a cualquier mal. Porque hasta en la peor caída el que termina ganando es el amor, que uno no puede evitar sentir.
Este muchacho entendía el amor como un divino error, algo que sentías pero que podías elegir cuando frenarlo, cuando cambiarlo, cuando no convenía amar y cuando partir.
Él analizaba a la chica y una vez que la lógica y el amar encuadraban, amaba.
Todos estos esquemas se rompieron cuando llegó Anastasia, tan impertinente, tan poco cuerda que podría ser un Adams. Ella no tenía reglas salvo una, no hay reglas, hacer lo que uno sienta cuando lo sienta sin la necesidad de establecer nada.
Martín hizo su análisis típico y la lógica no se correspondió con su corazón, en este caso siempre se iba por miedo a salir lastimado.
Anastasia no analizaba nada, solo vivía el momento mientras se sintiera bien.
Él quería no quererla, pero entendió por qué nunca triunfó en el amor.
No sabía si ahora sí lo iba a ser pero aprendió una lección que iba a romper sus estructuras, "porque la vida se trata de eso, aprender, destruir y volver a construir", diría después.
Entendió que lo mejor que le puede pasar a un corazón es no tener ni la más mínima razón para querer a alguien y aun así no podes evitar quererlo/a. Comprendió que se trata no de ser la mejor opción sino la que no se puede ignorar.
Anastasia le enseño a escuchar y no pensar, a sentir con pies descalzos sintiendo el suelo y dejando de pensar en algo que nunca llega que es el futuro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario