martes, 13 de agosto de 2013

La única manera

Entré en el cuarto sabiendo todo lo que iba a pasar, cada palabra que tu boca iba a exhalar, cada pausa, cada lagrima. Como dije entré en el cuarto con vos, antes de hablar me tomé el atrevimiento de darte dos besos por miedo a que sean los últimos.
Como era de esperar te dije que hablásemos de lo que querías, el motivo de nuestro encuentro.
La charla fue una repetición de cosas ya vividas antes por mí, "sos lo mejor", "me encanta como sos", y el siempre buen compañero fiel "no puedo sentir lo mismo" o "no puedo amarte". Aunque ya sabía todo, no podía evitar el dolor del golpe, como un choque o una colisión que ves llegar pero no podes hacer nada para evitarlo, no podes esquivar el dolor.
Como aquel soldado que está rodeado y sabe que no se van a tomar prisioneros, disparo sin miedo todo lo que siento. Como aquel, no por intentar salir con vida, no porque piensa que va a matar a todos sus enemigos como las películas norteamericanas de acción, donde un solo guerrero destruye un batallón. No, el soldado no lo hace por la esperanza de vivir, ya sabe su destino pero muere con honor, dando pelea, muriendo por lo que siente. Así es que no intento convencerte, simplemente disparo mis cartuchos para no quedarme con nada, te muestro lo que escribí para vos, te relato mis sensaciones, mis desencuentros, todo lo que me guardé por miedo a que te escapes a tales sentimientos. Si hubiese sabido que te irías de igual forma, tal vez, lo hubiese hecho mucho antes.
Una vez agotados los cartuchos nos abrazamos, y el llanto te apresura por la angustia de saber que mi amor es sincero y la bronca de que no sea correspondido.
Yo no lloro, capaz no lo haré nunca con nadie, adelante de nadie, porque la verdad es que el llanto me gana en la soledad.
Te miro, tus ojos húmedos, tiemblo, abrazo fuerte, tiemblo pero no me quiebro, no puedo. Sé que mi dolor va a empeorar todo. Solo quiero tratar de hacerte reír y guardarme todo para no generarte más dolor. No quiero llorar adelante tuyo, no quiero la lastima, no quiero que pienses tampoco que no me importa, en estas cosas el dolor del otro me apremia y me hace contenerme.
Cuando estoy yendome, me besas como nunca, el abrazo eterno. El destino se confunde nuevamente cuando me decís "perdón intentemos, no puedo perderte por más que quiera alejarte, siento esas mariposas cuando me hablas, ese calor en mi pecho y ese amor que describís".
Te beso y nos tomamos de la mano para no soltarnos más, para poder creer que no todo está perdido.

En realidad me retiré normal del lugar, vos no pudiste amarme, y cada uno siguió su camino... Pero de esta forma es la única manera que en algún lugar, en algún mundo paralelo nuestros caminos sí se crucen, se encuentren y continúen juntos.  

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