Giran, giran sin parar. Caminan dibujando círculos. El tiempo siempre moviéndose, ellos sólo con una consigna de momento.
Se camina sin esperanza cuando no se cree en la locura, si no se vive con pasión.
¿Pueden dos témpanos curar sus enfermedades?
Abre los ojos de repente, y la ve, observa la curvatura de su nariz, como termina y se ensambla perfectamente con sus ojos. Al mirarlo siente que todo esta dicho sin nombrar una palabra. Entonces sus dedos, desde el chiquito al gordo, viajan por su cintura, en fila, disfrutando cada centímetro de piel morena que tienen la suerte de tocar. Se percata de un lunar que tiene justo en el costado debajo de las costillas, por encima de su cintura. En un instante parecería como si todo surgiese de ese punto minúsculo, ese color entre el café de su piel y lo blanco de la mano de él. La mano derecha envidia a la izquierda que es la que esta en contacto con su piel. Construyen con sonrisas pasadizos que esquivan el fin de los tiempos, si fuese por el chico, no dejaría de hacerle aparecer ese colmillo que se le traba entre los labios.
Se creen el juego de vivir el hoy, mientras el futuro les choca en la cara, proyectando imágenes en el techo que se hacen presentes en sombras, futuros inciertos, algunos acarician sus almas, otros se las pinchan.
Se da cuenta que por más que uno intente, que provoque, que tiente al destino, uno no se enamora con palabras. Es en los silencios que se da cuenta que está loco por ella, en ese silencio sin incomodidad, en esa forma de mirarlo sin decirle nada. Ella sabe que puede desarticular todo su mundo con el poder de sus dedos, de sus labios, de sus ojos. Desbaratar su mundo con su presencia solamente, sin hablar. Es por ella que es capaz de sentirse realizado, que cambiaría cualquier plan.
Piensa en mil derrotas, tantas batallas perdidas antes de poder defenderse, tantos errores, sólo tienen sentido en ese instante de dos.
Sería capaz de terminar un invierno para que ella no tuviese frío, sus ojos persiguen su silueta, hasta su sonrisa que se escapa de su boca y sonríe.
A su retina llega, de repente, ese momento donde la vio por primera vez, esa mirada enojada por sus chistes, ese canto que no pudo evitar escuchar ¿cómo frenás un árbol cuando se esta cayendo? de la misma manera llegó hasta sus oídos su voz.
Se graba en su mente ese primer beso, que poseía toda la locura que sólo los enamorados pueden tener.
Vuelve su visión a la escena, la mira sonreír, sus ojos lo observan como nadie lo hizo jamás, giran en un circulo constante entre sus pasos, uno siempre terminando en el otro, y puede sentir ese silencio llenarse con palabras que no se dijeron jamás, mientras sus almas se hablan y se cuentan que quieren ver como se arruga la piel del otro.