martes, 17 de mayo de 2016

El milagro

El miedo apoderándose de su cuerpo, el gusto de un beso que tranquiliza el mundo. Ese segundo para detenerse y mirarla. Se siente rico de sueños, de proyectos. La esperanza partida en dos, no sabe si reír hasta el llanto o llorar hasta la risa. Aterrorizado de pasión, temeroso del futuro incontrolable, como esa flama que ondula sin parar, nadie puede saber ese próximo movimiento.
Deja el mate cebado por ella sobre la mesa, va a su encuentro. Ella lo mira extrañada mientras se acerca. Él le da un abrazo que quiere ser eterno y apoya la cabeza sobre su hombro.
Recuerda el momento que sus miradas se cruzaron. Él con sus chistes, insoportable, ella lo mira con una molestia incontenible. El camino a la perdición. La muchacha canta sobre las letras que salen de la boca de él, improvisa cuentos y su compañera versos, parecerían hechos como dos caras de una moneda, para unirse por siempre, la combinación genera miradas de felicidad al ver un amor juntarse, se siente como un atardecer en el río, algo que termina de ordenarse por fin, una trama de alguna novela o de una película romántica, pero en la vida real.
Idas, vueltas, laberintos, pero todo se encuadra en una sola imagen. La resiliencia de un amor que estaba destinado a su tiempo y forma, anormal, loco, inconsciente.
Es esa unión, ese abrazo, esa sonrisa, que aparta bocas con prejuicios y  miradas de desaprobación, Pobres impunes desalentados a no sentir el piso moverse al ver la sonrisa de ella, o de nadie.
Como el viento bailando con las ramas de los árboles, toma sus manos y se hace girar contra el cuerpo del muchacho, que atónito no cree que exista paz semejante como verla cantar, reír, bailar.
Toda la vida queriendo descubrir el mundo, escaparse para encontrarse, pobre iluso, no tenía idea que el universo puede estar ante sus ojos, en un solo ser. Que estaba partido, desordenado. Que no es quien te desarma el mundo, sino quien lo acomoda, todo tiene sentido en un segundo. Que uno cambia sin quererlo, se amolda al otro sin pensar, sin esfuerzo, se transforma sin que se lo pidan y persevera. El hielo convertido en el sol más ardiente, brillando, solo porque nadie podría no brillar a su lado, Porque se reemplazan los ateos nunca y siempre en férreas palabras revividas de algún momento en el que se les tenia fe.
Ella solo sonriendo, cantando, amando, no sabe todo lo que armó, ordenó y encendió.
Deja de abrazarla, la mira a los ojos, ella le pregunta en qué piensa, le contesta te amo. La muchacha sonríe, sabe todo lo que pasa por la cabeza del muchacho, le responde te amo, lo abraza.
Lo que piensa y siente es una misterio tan grande como su compañera. El milagro en pleno día y noche.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario