sábado, 9 de septiembre de 2017

Maldito gif

Las piedras caen, una tras otra, caen sin destino pero se deslizan. Una sola no podría hacer nada, pero no es una caprichosa roca que desciende. Gran cantidad, tantas que se transforman en un alud.

Golpean contra el estomago, en realidad ya no se siente donde pegan. Ella lo mira sin ver, él atónito piensa cuál debería ser su próximo movimiento. La dificultad de no saber como actuar, el miedo lo hace preso. Nunca sintió tanta felicidad y tanto miedo a la vez. No logra, no puede leerla, no sabe como llamar su atención. La muchacha simplemente tiene el poder de lograr mostrarle indiferencia con cada palabra escrita del joven. Maldice a esa raya vertical que titila, ese maldito "En línea", esa última conexión, sin conectar con él. Pero no solo maldice a la histeria tecnológica, también se la agarra con la lingüística, Saussure y eso que te rebota en la cabeza, maldita palabra: "Está bien", pero sin saber qué, todo atrás de su palabra, ese maldito significante. Se toma a insultos mentales con él mismo, no sabe como hacerle sentir lo que le pasa. El muchacho es pura acción, no sabe decir lo que siente, no sabe ponerle nombre a eso que le mueve las entrañas.
No sabe como decirle que no pretende liberar a Cuba, hacer una revolución, que no quiere transformarse en ningún Che de su corazón, al contrario, en algún lugar perdió su firmeza y ahora solo se conforma. ¿Con qué sería lo mínimo que pretende él? lo pide.
Ella lo mira, abre la boca, le dice una palabras de resistencia, le debate sus palabras, pero como el joven es hechos, no palabras, no termina de importarle, su problema es que esa imagen no está, no se hace presente.
El muchacho se siente preso del mandato sociocultural aunque luche contra ello, "no llores que es de maricón" racionalmente pregunta cuál es el mal de llorar, o de ser sensible o maricón, no hay ningún problema en ello, pero de todas formas no puede llorar, no le salen las lagrimas, lo condena la frialdad de sus palabras, sin llanto pero con el interior quebrado.
En la soledad entra a redes sociales, ve lo que quiere pero en otras caras y otros nombres. Las malditas cámaras, estúpidos celulares, boomerangs crueles que le muestran lo que no puede tener, aunque llore y patalee.
Los rectángulos redondeados de su persiana dejan pasar la poca luz, afuera se escucha el caer de las gotas, ese poquito de frío que se cuela por su ventana mal cerrada, el gris que se vislumbra, la televisión que ilumina tenue el perfil de la cara de ella, duerme apacible mientras él la besa despacito hasta hacerle cosquillas con su barba, le saca una sonrisa no hay mal humor en su despertar.
Imagina ese gif, en forma de loop constante un día donde no deba pedir permisos al tiempo para que no corra, el celular sin batería y sin importancia, ese día que las agujas se cansen de caminar, pero sus labios no se cansen de besar.
El muchacho le pide que mire ese gif y le diga que no lo quiere, que él esperaría que sucediese o no, ya no importa, quiere que se haga realidad ese maldito suceder de fotogramas corto, pero no con cualquier protagonista, es ella quien debe estar. Gran problema el cansarse de pelearlo, se siente luchar contra Mayweather. El espectáculo no llama mucho la atención, ya perdió antes de subir al cuadrilátero.
Solo espera que ese maldito gif deje de entrar a su cabeza, para entrar a su realidad.