lunes, 10 de marzo de 2014

Barquito de papel

El niño de chiquito había aprendido a hacer barquitos de papel. Desde pequeño vio como esas obras de la ingeniera papelera podían atravesar ríos extensos con tormentas importantes y estas creaciones seguían a flote.
Quiso aprender a hacer barcos de papel de esa categoría y siempre lo intentó con gran esfuerzo. Pasaba horas seleccionando el papel conveniente, la hoja especial que sería la indicada. Tuvo intentos fallidos, no logró controlar factores que no había tenido en cuenta. Cada dobles era importante, cada papel girado para adentro, para afuera tenía su lugar de pertenencia, hacerlo sin convicción corría peligro por cada gota que le cayese. El barco podía aguantar por menores en la parte exterior pero debía intentar por todos los medios que no cayera agua en su interior. Quería inventar, crear un barco que superara cualquier tormenta, cualquier adversidad. Creía en él pero no sabía cómo hacerlo, así que intentó. El papel no fue elegido, casi que este lo encontró a él. Buscó por todos lados un papel mejor pero no encontró alguno que le significase tal magnitud para el viaje a emprender. Era un material con contenido de su pasado, era un papel con la firma de su padre con una dedicatoria antes que se marchase: "Ojalá puedas cumplir tus sueños", decía el papel, lloró y sonrió pensando que era el indicado. Comenzó los dobleses con convicción pensando que podría construir aquella utopía de sus primeros año.
El barco parecía lo bastante fuerte. Tenía fortalezas enormes, un amplio borde que no dejarían a cualquier ola salpicar su interior y un mastil preparado para cualquier viento. Allí se largo. La primer ola le provoco terror pero el niño al ver salir su creación con éxito se alegro. La segunda el pequeño lo tomó con otro aire, un poco más seguro, pensando que si debía caer tenía que hundirse y listo.
El problema fue cuando se desato una tormenta. Fuertes vientos, la lluvia caía estrepitosa sobre la vela y las olas pegaban en los bordes con una energía potente. Si superaba tal catástrofe, superaría cualquiera.
Y fue así, la superó, no se veía como al principio sino que parecía más fuerte o esa era su sensación.
El niño tuvo que aprender de mala forma que las apariencias engañan y no todo puede ser para siempre, lo aprendió de la peor forma, cuando menos se lo imaginó, cuando más confiado estaba en su creación.
No pensó que aquella ola hiciese eso, no pensó que sus sueños terminarían en aquel liquido. La tormenta dejó el barco débil, lo último que pudo ver fue la tinta negra borroneada al sumergirse el papel.

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