lunes, 22 de junio de 2015

Los ojos cuentan

Los ojos rojos de tanto pensar, el grito sordo que no se permite escuchar producto del orgullo de ser persona y tantas heridas. Abre la boca en un grito ahogado que la ducha no deja escapar. Es preso del destino de saberse imposibilitado de llorar, de gritar por su amor, por su comprensión. Descubre, cómo deja escapar una gota de su cuerpo, para caer al vacío del charco que se forma en sus pies, ya no sabe si son gotas de agua o de llanto pero caen. Su cabeza apoyada sobre los azulejos se encuentra con toda su perdición. Rememora esa última mirada, la profundidad de sus ojos en su rostro. Se acuerda que no puede verlos sonreír.
El fondo de la botella no le da la respuesta que estaba esperando solo le devuelve el desencuentro de no sentir su calor y las vueltas de su cabeza que le cansan el cerebro. El corazón  estremecido por el dolor. Le da un calambre en el estomago el imaginarse sin su beso cada mañana, pero entiende que la sociedad, tal vez  el mundo, lo lleve a esto. Mientras ve caer la gota por el azulejo piensa en cada beso que no le dio y en cada abrazo que entregó el corazón. Cae derrotado, sin fuerzas se deja apoyar en la pared que lo sostiene por el momento. Se siente vencer por la presión, se deja llevar por el peligroso deseo de tocar el piso con la cara. Entonces piensa en aquel primer beso y las gotas del baño caliente se dejan llevar con las de sus ojos. 
Rememora su silueta, alejándose de él, sin miedo. El fuerte se rompe, sus ojos se llenan del gusto salado de sus lágrimas, el aire se corta y la imagen deprimente de su ser desnudo ante la falta de abrigo. 
Se siente responsable de no poder ser, de ni siquiera acercarse, se siente caer en el pavor del fuego frío de la soledad. Ve al sistema arrebatándole todo lo que le quedaba, luchando por no ser timado, lo estafan. 
Tal vez el tiempo forme parte del destino y en algunos minutos se miren a los ojos, sabrán que todo fue un error luego entenderán que son el uno para el otro, que encajan como dos piezas perdidas de un rompe cabezas sin armar. Hasta entonces, serán dos fichas más del ajedrez ya muerto de la desesperanza. La turbina quemada de un avión que sólo queda ver que tanto se estrella. 
 Los ojos se pusieron a contar cuantas veces había perdido la razón por ella y la cuenta dio por mucho ¿Cómo puede él, descontarle al tiempo las ganas de abrazarla? sólo le queda morir para volver a encontrarla, tal vez, en otro tiempo y otro lugar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario