jueves, 4 de agosto de 2016

La mujer y la bestia

Nadie sabe si estaba asustada o nerviosa, esa mezcla de ansiedad con temeridad. Se sabe que entró sin preguntar, algunos dicen que no sabia adonde iba. Otros, los más viejos, cuentan que era consciente y entró totalmente decidida.
No había hilos dorados que guiasen sus pasos, algunas antorchas simplemente iluminaban a medias las paredes del recinto de aspecto infinito.
Ella caminaba ladeando sus manos, con esa forma tan característica, versiones dicen que iba sonriendo, contenta de su cometido, otras que tenia un gesto serio casi con el ceño fruncido.
Giraba en una esquina y volvía a doblar en otro lado, muchas veces parecía saber a donde iba, como si hubiese estado en ese lugar toda la vida, daba la impresión de haber nacido ahí o  alguien le indicase con la mente por donde ir.
En el fondo se escuchaban gritos y golpes fuertes, como si se estuviesen a punto de caer las paredes.
Nadie sabe cuanto tiempo estuvo caminando, algunos dicen que horas y los cuentistas más detallistas relatan que exploró meses, lo cierto es que estuvo y caminó por esos lugares.
El piso del sombrío lugar estaba adornado por huesos viejos y no tanto, una cantidad significativa de personas habían intentado la inútil misión que aquella joven muchacha parecería querer cumplir.
Se dice en el pueblo que muchas lo habían intentado antes y a duras penas habían conseguido llegar al centro del laberinto, esos eran los restos de quienes emprendieron la odisea de llegar o buscaban salir.
A medida que la muchacha caminaba las antorchas de los costados comenzaban a iluminar más el lugar, como si ella expidiese el oxigeno necesario para alimentar la flama de aquellas luces.
El gris de las paredes lograba dar un contraste especial con aquella mujer que llevaba colores consigo, el café de su piel, el negro de su pelo, su vestido turquesa no hacían más que dar cuenta que ella no pertenecía a un lugar así. Su perfume decoraba el lugar, en su perfección constante destruía sin contemplaciones el olor frío de la humedad del abandono, de aquel lugar inhóspito.
El peligro de aquel laberinto no era llegar al centro y enfrentar a la criatura que eliminaba todo a su paso, si no también, el poder salir de esa macabra prisión.
Al llegar al medio del sitio, donde se encontraba monstruo, la joven se acercó con elegancia.
El animal jamás había visto llegar a nadie tan desarmado, todas las personas habían intentado dominarlo, con armas, con la fricción del humano pensante, este que cree que por tener el poder de la palabra, puede gritar, apabullar y destruir todo a su paso.
Miro con su cabeza de toro a la mujer que acaba de llegar al centro del laberinto y comenzó a correr hacia ella.
Los relatos dicen que la mayoría de las personas cuando veían al minotauro salían despavoridos ante tal monstruosidad, aquellas valientes comenzaban a gritarle, querían arrancarle los cuernos y atarlo de pies y manos. Nunca lograban nada y terminaban muriendo. Algunos en la desesperación de la huída morían de miedo, otros fallecían en el intento de cambiar al ser.
La leyenda dice que la joven no hizo nada, solo lo miró, mientras el minotauro se acercaba a toda velocidad, se quedó parada viendo como la bestia se aproximaba.
Los pasos brutos de aquel ser se movían con poderío, con sus manos rasguñaba las paredes como si quisiese ser aún más grande y dar miedo.
La mujer colocó sus manos en su espalda, se balanceaba para adelante y para atrás jugando entre las puntas de sus sandalias y sus talones, como una niña indefensa.
Algunos dicen que sonreía, otros que estaba seria, pero ambos concuerdan en que no hizo nada más que mirarlo mientras aquel monstruo intentaba atacarla.
El minotauro pudo sentir el olor de la mujer que venía desde el exterior, sintió sus ojos apoderarse de él como una flecha que atraviesa todo lo que se cruce en su camino. Su mirada se fue acercando a la de ella, estaba dispuesto a matar a quien fuera que atravesara el umbral, muchas ocasiones, salía antes que lleguen para poder espantarlas antes de que lleguen más profundo.
Algunos ancianos, los que mantienen que no estaba sonriendo, cuentan que lo hizo en este momento, cuando el minotauro estaba lo suficientemente cerca como para que pueda ver este gesto. Aquellos que dicen que la muchacha ya sonreía, difieren resaltando que, la bestia alcanzó a vislumbrar su sonrisa. Aún así, todas las versiones coinciden en que el monstruo frenó a pocos metros, ella simplemente dio la vuelta y caminó, sin decir nada, con su silencio tan pacifico. Al minotauro nunca le habían sonreído así, solamente había recibido intentos de cambiarlo, gritos, caricias traicioneras. Ella salió con pasos tranquilos del lugar, logrando lo imposible, parecía no darse cuenta, como una simple caminata por el bosque, daba la impresión que las paredes se corrían para que ella saliera, así de fácil lo hacía.
La bestia con cuerpo de hombre y cabeza de toro, salió también detrás de ella,  pudo así sortear aquella prisión que lo encerraba. Para este, nunca fue su casa aquel laberinto, pero no quería que nadie lo cambie, hasta que llegó la muchacha de la sonrisa mágica para transformar todo su mundo, para liberarlo de esa eterna cárcel que fueron sus miedos y complejos. Descubriendo que solo el amor puede vencer nuestros terrores y librarnos de nuestros laberintos.
Algunos en el pueblo dicen que si prestás atención podés ver al minotauro caminando con su doncella, para los atentos que creen que no hay amor imposible.

martes, 5 de julio de 2016

Historia para ser contada

En el momento que empezaron a besarse, Rodrigo pensó que era una joda, pero una joda linda, no era como cualquier mina Florencia. No podía contra él mismo, tenía la prioridad total sobre su persona, sin embargo no dejaba de pensar que era una pendeja que se estaba divirtiendo con lo prohibido, que se le iba a pasar.
Intentó no darle bola a ese "no se qué" que tenía, intentó aunque mucho no se esforzaba, cuando una mujer así llega a la vida de alguien es complicado hacerse el sota.  Se apoderó de Rodrigo, si había que faltar a la facultad o llegar tarde o así tuviese que parar de laburar lo hacía, si debía llegar tarde a una salida, lo que sea inventaba para verla. Más problemas acontecieron, en sus crisis internas, cuando en el colegio caminaba más lento o más rápido sólo para cruzarse con Florencia.
Obvio no se lo iba a decir ¿cómo el boludo grandote de mayor edad se iba a enamorar de la pendeja que estaba en último año y quería joder? "Esas cosas tienen dos salidas", pensaba Rodrigo, "o te lastiman o salen corriendo, mejor no decir nada y aprovechar. Con suerte en unos días se me pasa". Pero no se le pasaba, aunque se viera con otras minas, aunque arregle jugar la final del mundo, si ella le decía de verlo, dejaba todo.
Por supuesto cuando le contaron lo del cabezón se puso mal, sabía que era lo mejor para ella y tal vez para ambos, menos quilombos, menos divertido sí, claro, pero menos quilombo, más "normal". Aún así moría de bronca, Rodrigo quería verla, quería abrazarla y llenarla de besos. Él, no otro chabon.
Como siempre el pibe trataba de ocupar ese dolor con minas, pero no pudo, ella era más, siempre lo fue y Florencia lo sabía en ese momento, siempre lo supo.
Empezaron a verse de nuevo, sin la certeza de que ambos estén totalmente solos, pero Rodrigo pensaba "me chupa un huevo el mundo, por mi se pueden ir todos a la puta que los parió sólo quiero verla al lado mío. Y que piensen lo que quieran, si tengo que perder el laburo, lo pierdo pero a esta mina no", jamás se lo decia, "o me lastima o se asusta".
Él creía haberla amado desde siempre. Aunque lo negara, el pibe sabía que la amaba en silencio.
Después se enteró lo de Alejandro, en el momento quiso romper todo, claro él hacia la suya, ese era el contrato, cada quien podía compartir su tiempo con quien quisiese. Es más cuando se enteró lo del cabezón, Rodrigo hacía la suya también, pero lo hacía por gil, por no sentirse menos, porque sabía que con solo un mensaje en el celular, dejaba el mundo por Florencia. Obvio no se lo decía por cagón. No era tampoco cosa de andar mostrando debilidad.
Pero cuando se enteró lo de Alejandro fue peor, ya no estaba haciendo nada, quería ponerse las pilas y dejar de mentirse. Se acuerda que estaban todos sus amigos en su casa cuando le llegó el mensaje y no sabía cómo ocultar su bronca. "Loca yo te amaba, no te lo decía pero te amaba, mataba a palos a cualquiera que te haga mal, pero vos te chapaste a ese gil" pensaba para adentro mientras masticaba la bronca (para él siempre iban a ser giles), el muchacho no sabía que hacer.
El pibe duro, frío se había enamorado, y la pendeja le estaba pegando un baile tremendo, como nunca nadie. En otras circunstancias, Rodrigo hubiese mandado a la mierda todo, se iba de joda y mandaba algunos mensajes para curar heridas, o eso pensaba.  Pero otra vez, ese extraño sentimiento que le causaba, que no se lo generó nadie, actuó de nuevo. Cuando se lo dijo ya no tenía más bronca, solo quería saber el porqué, que pasó que se enamoró en esta joda y ella no. Hasta que hablaron, se miraron cara a cara y se dio cuenta que algo, alguna chance le quedaba para enamorarla, que no era uno más.
Hizo lo que pudo desde entonces, no vaya a ser que por boludo la pierda. Aprendió a decirle lo que sentía sin miedo a salir corriendo o lastimado. Ya estaba jugado, muchas vidas no le quedaban por vivir, y ésta era una ficha que no quería arriesgar.
El pibe se enamoró como nunca antes, sí sí, de la pendeja, de esa joda que arrancó algún tiempo atrás (con algún tipo de precuela). Así sin más, Rodrigo quedó con todo lo que creía ordenado desordenado, y todo lo que estaba desordenado se lo ordenó Florencia.
Ahora el boludon, no imagina una vida sin la pendeja, no puede ni pensarla, imagina y sueña casándose, yéndose de viaje, teniendo hijos y probándole el gusto a la vida. Se imagina ese momento que la vuelva a ver después de algún tiempo, que vuelva a tocar su piel y explote de amor, que le hunda los labios en los suyos y se rían juntos.
En un tiempo sabrán que no hay distancia, joda, ni ausencia que los separe, que el amor con risas es único, que besarse hasta reírse y reírse hasta besarse es el lenguaje más lindo del amor. Hoy con el mar delante y un paraíso en los ojos, sólo piensa en los de ella y esa mirada que le da más paz que cualquier lugar en el mundo.

viernes, 27 de mayo de 2016

El profesor

Ellos le ensuciaron el alma, el niño pequeño, rubio, de cara regordeta le sonríe y juega. Se levanta, no para de molestar a sus compañeros, les esconde las cosas, les pega y les grita. El profesor lo mira extrañado de donde saldrá tanto rencor. Al pararse lo abraza, lo aprieta contra su pecho muy fuerte, le dice al pequeño que deje el enojo, que puede contar con él, que juguemos juntos, crezcamos, es de las primeras veces que se para ante un público a intentar dar clases. Travieso Daniel, le devuelve el abrazo y esconde su cara en el pecho del principiante.
Nadie lo entiende, ninguna persona le pregunta el porqué, solo lo juzga por lo que hace.
"Miraste mal a tu compañero, te llevas un parte"; "Te estas riendo, anda afuera". Jamás le preguntarán "¿Qué te pasa Daniel, por qué corres?"
Pasan los años y siempre la misma escena, el mismo puñado de docentes que defienden su camino, ayer el niño, hoy un joven adolescente despechado con la vida, encuentra sus pequeños momentos de alegría en el deporte que no le dio la espalda, cuando el tiempo fuera del rectángulo, sí. Sus lágrimas se escapan por entre las gotas de la ducha, se contiene de no llorar adelante de nadie, él no puede ser herido ni lastimado nunca más.
En un arrebato de sinceridad el niño le cuenta sus preocupaciones más profundas al docente de años, este le pide perdón por todos los grandes que no supieron actuar con él. Daniel le dice que todos los grandes son terribles, que son los que deberían enseñar y lo destruyen.
¿Qué culpa tiene Daniel de que la gente sea tan ignorante de sentimientos y de empatía? Nunca pudieron ponerse en su lugar. El profesor valora su porte, su resistir. "Al próximo que me joda lo pongo", le dice el muchacho, de que manera puede decirle que no el docente, si hasta él mismo le gustaría darle una lección a los que se meten con el querido estudiante.
Se abrazan como aquella primera clase, cinco años después, Daniel le dice: "Cuando te vayas ¿a quién voy a abrazar?". Al adulto se le llenan los ojos de lágrimas, siempre se dijo que no puede romperse adelante de los chicos, pero este mocoso le puede un poco más. Se dejan llorar juntos que así aprendieron, un profesor y el otro estudiante, todavía no sabe quién es quién.

martes, 17 de mayo de 2016

El milagro

El miedo apoderándose de su cuerpo, el gusto de un beso que tranquiliza el mundo. Ese segundo para detenerse y mirarla. Se siente rico de sueños, de proyectos. La esperanza partida en dos, no sabe si reír hasta el llanto o llorar hasta la risa. Aterrorizado de pasión, temeroso del futuro incontrolable, como esa flama que ondula sin parar, nadie puede saber ese próximo movimiento.
Deja el mate cebado por ella sobre la mesa, va a su encuentro. Ella lo mira extrañada mientras se acerca. Él le da un abrazo que quiere ser eterno y apoya la cabeza sobre su hombro.
Recuerda el momento que sus miradas se cruzaron. Él con sus chistes, insoportable, ella lo mira con una molestia incontenible. El camino a la perdición. La muchacha canta sobre las letras que salen de la boca de él, improvisa cuentos y su compañera versos, parecerían hechos como dos caras de una moneda, para unirse por siempre, la combinación genera miradas de felicidad al ver un amor juntarse, se siente como un atardecer en el río, algo que termina de ordenarse por fin, una trama de alguna novela o de una película romántica, pero en la vida real.
Idas, vueltas, laberintos, pero todo se encuadra en una sola imagen. La resiliencia de un amor que estaba destinado a su tiempo y forma, anormal, loco, inconsciente.
Es esa unión, ese abrazo, esa sonrisa, que aparta bocas con prejuicios y  miradas de desaprobación, Pobres impunes desalentados a no sentir el piso moverse al ver la sonrisa de ella, o de nadie.
Como el viento bailando con las ramas de los árboles, toma sus manos y se hace girar contra el cuerpo del muchacho, que atónito no cree que exista paz semejante como verla cantar, reír, bailar.
Toda la vida queriendo descubrir el mundo, escaparse para encontrarse, pobre iluso, no tenía idea que el universo puede estar ante sus ojos, en un solo ser. Que estaba partido, desordenado. Que no es quien te desarma el mundo, sino quien lo acomoda, todo tiene sentido en un segundo. Que uno cambia sin quererlo, se amolda al otro sin pensar, sin esfuerzo, se transforma sin que se lo pidan y persevera. El hielo convertido en el sol más ardiente, brillando, solo porque nadie podría no brillar a su lado, Porque se reemplazan los ateos nunca y siempre en férreas palabras revividas de algún momento en el que se les tenia fe.
Ella solo sonriendo, cantando, amando, no sabe todo lo que armó, ordenó y encendió.
Deja de abrazarla, la mira a los ojos, ella le pregunta en qué piensa, le contesta te amo. La muchacha sonríe, sabe todo lo que pasa por la cabeza del muchacho, le responde te amo, lo abraza.
Lo que piensa y siente es una misterio tan grande como su compañera. El milagro en pleno día y noche.    

lunes, 21 de marzo de 2016

El silencio

Giran, giran sin parar. Caminan dibujando círculos. El tiempo siempre moviéndose, ellos sólo con una consigna de momento.
Se camina sin esperanza cuando no se cree en la locura, si no se vive con pasión.
¿Pueden dos témpanos curar sus enfermedades?
Abre los ojos de repente, y la ve, observa la curvatura de su nariz, como termina y se ensambla perfectamente con sus ojos. Al mirarlo siente que todo esta dicho sin nombrar una palabra. Entonces sus dedos, desde el chiquito al gordo, viajan por su cintura, en fila, disfrutando cada centímetro de piel morena que tienen la suerte de tocar. Se percata de un lunar que tiene justo en el costado debajo de las costillas, por encima de su cintura. En un instante parecería como si todo surgiese de ese punto minúsculo, ese color entre el café de su piel y lo blanco de la mano de él. La mano derecha envidia a la izquierda que es la que esta en contacto con su piel. Construyen con sonrisas pasadizos que esquivan el fin de los tiempos, si fuese por el chico, no dejaría de hacerle aparecer ese colmillo que se le traba entre los labios.
Se creen el juego de vivir el hoy, mientras el futuro les choca en la cara, proyectando imágenes en el techo que se hacen presentes en sombras, futuros inciertos, algunos acarician sus almas, otros se las pinchan.
Se da cuenta que por más que uno intente, que provoque, que tiente al destino, uno no se enamora con palabras. Es en los silencios que se da cuenta que está loco por ella, en ese silencio sin incomodidad, en esa forma de mirarlo sin decirle nada. Ella sabe que puede desarticular todo su mundo con el poder de sus dedos, de sus labios, de sus ojos. Desbaratar su mundo con su presencia solamente, sin hablar. Es por ella que es capaz de sentirse realizado, que cambiaría cualquier plan.
Piensa en mil derrotas, tantas batallas perdidas antes de poder defenderse, tantos errores, sólo tienen sentido en ese instante de dos.
Sería capaz de terminar un invierno para que ella no tuviese frío, sus ojos persiguen su silueta, hasta su sonrisa que se escapa de su boca y sonríe.
A su retina llega, de repente, ese momento donde la vio por primera vez, esa mirada enojada por sus chistes, ese canto que no pudo evitar escuchar ¿cómo frenás un árbol cuando se esta cayendo? de la misma manera llegó hasta sus oídos su voz.
Se graba en su mente ese primer beso, que poseía toda la locura que sólo los enamorados pueden tener.
Vuelve su visión a la escena, la mira sonreír, sus ojos lo observan como nadie lo hizo jamás, giran en un circulo constante entre sus pasos, uno siempre terminando en el otro, y puede sentir ese silencio llenarse con palabras que no se dijeron jamás, mientras sus almas se  hablan y se cuentan que quieren ver como se arruga la piel del otro.