Ahí arrancó la debacle, al pibe le empezó a caer la ficha, descubrió lo asombroso que es cuando pasa, esa idea cae y te lleva por delante como un tren bala. Se vació y quedó descartable, una botella de plástico, pero con el antifaz corrido.
Sordo de consejos, esclavo de sus palabras. Él descubrió que, quien quiere puede, que el amar es libertad y cuidado, no se puede planificar, si se programa es forzado, si se fuerza se rompe, si se quiebra, quien quiere lo arregla... hasta los corazones.
Aceptó finalmente que quien te ama cuando brillas vale, pero quien te ama en tu desastre es para siempre, que hay silencios que valen más que mil palabras y ausencias que explican más que muchas imágenes. Que quien te quiere en la tormenta se moja con vos, no busca otro techo, quien se va en el primer viento fuerte era porque tenia la casa del primer chanchito, se dio cuenta que era el tercero.
Que vale más un "¿Cómo te fue hoy?" cada día, a unas horas de sexo en la semana o en el mes.
Que no es lo mismo amarSE, amarTE, amarNOS, que la comodidad de quedarse en el molde, en el "a ver que pasa". Que un acto de amor inesperado y espontáneo es más real que mil citas románticas. Que el tiempo regalado vale más que el dinero en la billetera, pero que gastar su tiempo de trabajo en el otro desinteresadamente vale doble, que el tiempo del otro no se ruega ni se pide.
Que un perdón se gana pero también debe haber predisposición, que un corazón hay que sanarlo con amor y sin lastimar el otro, que la cabeza, la gilada y el puterío juegan otro partido y si hay amor nada importa, si se le da cabida al resto y "al que dirán" tal vez no haya sentimiento que aguante. Que el amor es hacer esas cosas inconscientes que harían que los demás te digan pelotudo.
Cuando terminó de entender, sintió bronca e impotencia, después sintió la paz de dejarlo todo aunque no haya servido, una paz irrelevante pero sin reproches. No había nada por cuestionarse, ni palabras que hayan faltado decir, todo había sido real, sin chamuyo, le hubiese dado todo con solo aceptarlo, pero a veces uno da todo y no gana. Una derrota digna, solo sirve para que la próxima victoria valga un poco más.
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