jueves, 10 de julio de 2014
Poco a poco, de repente
Pero ahí lo ven repitiendo, se ve a sí mismo hace un tiempo recordando sus palabras, sintiendo como se las come de tanto hablar y como rompió sus propias reglas para no enamorarse.
Pensó quién podía evitar ser lo que uno realmente es. Se vio manejando hasta cualquier lugar, a cualquier hora, se vio a él mismo haciendo eso que dijo no repetir y sonrió...
Y mientras manejaba a altas horas de la madrugada yendo a buscarla, pensó que de eso se trataba la vida, de intentar, de no darse por vencido, de mantenerse probando una y mil veces hasta conseguir lo que uno quiere, porque tal vez por miedo uno se olvide de vivir, o tal vez de tanto andar uno encuentre lo que andaba buscando y creyó no existía.
Entonces comprendió porque había roto todas sus reglas, porqué había intentado mil veces con mensajes para que le dé la oportunidad de hacerla reír, porqué había ido a cenar como primera salida cuando él promulgaba esto como un pecado, porqué le llevo chocolates la segunda vez que la veía y el porqué ese intrépido "te quiero" se había escapado de sus labios sin poder tomarlo a tiempo para devolverlo al vacío de su cabeza.
De eso se trata la vida, de enamorarse y desenamorarse, de animarse otra vez a elegir levantarse a la madrugada en busca de unos minutos más de sus abrazos, en llegar a verla un rato más de lo que el tiempo le permite para sentarse en el cielo a descansar unos segundos más.
Se trata de buscar esos paraísos en vida, porque están ahí el cielo y el infierno, en este mundo. Uno se los anda chocando y cuando se encuentra el cielo hay que tratar de quedarse lo más posible. Cuando toque caer, se caerá para volverse a levantar.
Prefirió morir amando que vivir con miedo. Prefirió buscar el suplicio de la ostentación de esa sonrisa que le regale un poco más de sabor a su vida. Poco a poco se vio amándola tan de repente que se hizo cielo por hacerla feliz.
Poco a poco hizo de su voz un canto, de su risa un rito, de su alma su religión. Poco a poco volvió a creer, zambullendose en el mar de sus ojos, confiando sin conocerla, inexplicablemente tocando ese Edén donde todo paradigma existente cambió y así, por fin, entendió que la vida se trata de no bajar la cabeza porque tal vez el cielo nos pase por delante y no podamos conocerlo.
lunes, 7 de julio de 2014
El cuerpo siente lo que la mente ignora
Sintió que su mano tenía algo aunque no podía determinar que, sentía una presión en el dedo meñique, como si estuviera apretado por algo en su punta.
Se levantó de su cama y preparo el usual café que acostumbraba para empezar el día. Miró por la ventana, nada se encontraba allí más que el sol iluminando el día, dando su calor y regalando un paisaje que hacia disfrutar de vivir.
De camino a su facultad todavía se extraña de su mano, pero puede vivir con ello, lee un libro en el colectivo y piensa en su sueño, nunca va a sentir algo así por alguien real, no tiene la valentía, no entiende como puede adorarse unos ojos así, solamente pueden existir en sueños irreales.
En la rutina del no saber, del no sentir, del aprender a pensar y adormecer el corazón se fue haciendo experto con los años, haciendo una maestría como suelen hacer los grandes desesperanzados de tantos palos en la rueda, creciendo en olvidar las historias que cuentan las novelas, las canciones y las películas.
Fue congelando su corazón de tanto caminar al sur.
Sueña con una sonrisa, esta vez sueña solo con una boca, unos dientes tan blancos como la luna y una risa que provoca el éxtasis de su respiración. La presión en su dedo empieza a desorientarlo, teme tener un problema de circulación y decide hacerse un chequeo médico. Resultados normales, pero ese tirón en el dedo pequeño no lo dejaba tranquilo, como si algo empezara a darle una señal en su cuerpo que no podía descifrar.
Toma el mismo camino que suele hacer para ir a la facultad, mientras se encuentra sentado en el colectivo lee una historia, cuenta que la arteria ulnar une el dedo meñique con el corazón, le llama la atención la coincidencia.
Luego de cursar comienza la vuelta a casa, toma otro camino porque llamó su atención unos árboles que nunca había creído ver, recorre las cuadras con paz, para disfrutar de la vista de ellos, puede ver como estos forman un túnel con sus copas, ve en el final del camino armado una figura a varios metros de dónde se encontraba. Siente que la presión de su dedo comienza a soltarse. Muchas veces los problemas y la rutina repercuten en el cuerpo de forma extraña, el caminar pacifico seguramente lo haya desestresado.
Cada vez la falta de circulación en el dedo es menor, mirando los pájaros cantar en las copas de los árboles le parece que el mundo brilla con la luz del sol pasando a través de las ramas, las hojas en el suelo de color marrón que suele pisar por diversión. Tropieza con un cuerpo. Pide disculpas y al ver, unos ojos lo están mirando tan grandes como el sol, brillando mientras su mirada cae a su sonrisa tan blanca y llena de luminosidad que podrías verla en la noche, entonces sonríe recordando su sueño, sintiendo todo lo que nunca pensó sentir.
Recordó el relato que había leído a la mañana, una historia oriental cree que los humanos estamos atados por un hilo rojo invisible que nos une con la persona a la cual estamos destinados, puede estirarse o contraerse pero no cortarse. Ese día las dos puntas de un mismo hilo se encontraron, ellos no necesitaron seguir atados aunque lo siguieron haciendo, ya no necesito sueños para palpitar y extasiar, sólo necesito una sonrisa y unos ojos tan brillantes como las estrellas, claro está un segundo fue suficiente para llenarse de certezas de todo lo que había dudado.
martes, 10 de junio de 2014
Entre la rutina
Ella camina por la ciudad, una mirada perdida entre tanta gente. El sol se refleja en las ventanas de los vidrios espejados de empresas que se esfuerzan porque pase la menor cantidad de luz posible en el interior. Sus brazos cruzados abrazando su carpeta de dibujo y el gorrito de lana que tiene sobre su cabeza, los parpados delineados de negro combinan con sus ojos oscuros, su pelo castaño lacio que le cae sobre los hombros. Los guantes que usa en las manos dejan escapar las yemas de sus dedos para poder sentir el lápiz que sostendrá en el transporte público que la lleva a la facultad.
Él con sus auriculares apartándose del mundo antes de entrar en este, se dirige a trabajar. Como cada día toma el colectivo que lo lleva al lugar que lo acerca a pocas cuadras de donde pasa un tercio de su día. Suele leer algún libro que lo atrapa lo suficiente como para abstraerse de lo que sucede a su alrededor.
Ella camina hasta la parada del colectivo sin frenar ni ver, camina perdida en su imaginación, camina en automático para perderse en el mundo de su mente, que no tiene pies. Sube al colectivo que la deja cerca de su lugar de estudio. Su nombre es Ana, pero no le gusta que la llamen así, no le gusta que la llamen, prefiere perderse en su mente. Se entiende con pocas personas y entre ellas tienen en común que no necesita muchas palabras.
A Juan le gusta hacer sonreír a la gente, pero sabe respetar los silencios, esos silencios mentirosos donde las mentes hablan y las bocas callan.
El muchacho mira como cada día a la chica de ojos perdidos que viaja en su mismo colectivo, trata de ubicarse detrás de ella y la aprecia dibujar, la observa hacer realidad sus pensamientos y descubre la profundidad de su alma.
Ana camina con prisa para no llegar tarde a cursar, Juan camina lento para atrasar su llegada unos minutos y poder pensar un rato más, juega con su meditar. Ella camina por al lado de él todos los días y ni siquiera se percata de su existencia, tal vez nunca se conozcan y no lo sepa pero serían felices juntos.
El muchacho camina por la misma cuadra que acostumbra, mira hacia adelante y puede sentir como si los árboles hicieran un túnel con una luz al final de este, y esa luz que camina.
Ana paso firme y perdido, automático, pensativo, le llama la atención una hoja que tiene colores vivos en el suelo, navegando por un charco que quedó en el final de la cuadra, se para a admirar esta naturaleza que rara vez le llama la atención.
A Juan le roba el aliento una nube que tiene forma de pájaro que surca el cielo, en el mismo momento que unas aves en forma de "V" lo atraviesan, caminando por el túnel de esa cuadra mira a lo lejos nuevamente una persona que se detiene y se acuclilla sobre la vereda.
Nuevamente el mismo viaje en colectivo que lleva la rutina que cada uno intenta adornar con música y arte, lectura y dibujo. Juan pierde la concentración en su libro de Zafón, mirando como suele hacerlo, a la chica que sube en su colectivo con la carpeta de dibujo y se pone en acción a hacer una nueva obra de arte.
El muchacho lee, prefiere ver el resultado final de la obra maestra, más que su elaboración, al principio se coloca delante de ella para ver sus ojos perdidos, creando en el blanco de las hojas, para luego ir detrás de Ana a ver la magia que sus manos crearon.
Juan imagina que está cerca del final de su obra, camina con disimulo hasta la parte de atrás de su dibujante predilecto, mira en el cuaderno que usa como lienzo y sonríe, por primera vez no tiene miedo de demostrar que la está mirando. En la obra puede ver un cielo estrellado y dos personas mirándolo, puede ver una muchacha de pelo claro admirando a una chico de pelo oscuro y ojos claros, justo en el momento antes de besarse. Ana da media vuelta hacia Juan y sus miradas se cruzan junto con sus sonrisas.
En tan sólo un instante dos desconocidos se entregan el corazón sin quererlo, sin poder oponerse, sin saberse existentes, sin saber nombres, ni edades, algo más que incontrolable.
domingo, 1 de junio de 2014
Entre tanto
Entre mil escaleras, entre caminos bifurcados, como la sonrisa más mentirosas y las lagrimas macabras de quienes quieren tu atención. Entre saltos y caídas, entre corazones encontrados y almas partidas, entre besos que no fueron, y brazos que no abrazaron. Entre favoritos, "me gustas" y retwitteos, entre amigos desconocidos y personas por conocer.
Entre todo, estas y no estas, en los recuerdos, sueños y la imaginación, tan real como la vida; entre ausencias, una pantalla y alguna foto, no estas.
Sólo queda esperar que la vida nos encuentre, tal vez, desprevenidos entre tantos estímulos. Pretendientes sobran, personas faltan, gente que valore el milagro de la sonrisa tan buscada, la risa legitima que busco sacarte.
Sólo queda pensar que en algún momento de esta línea tan curva, de esta trama de la vida, entre tanta gente y tantas posibilidades, me mires y yo también, brillemos.
Tanta sinceridad, podrá hacer que me mires como yo te miro, veas las posibilidades que yo sueño y confíes en un futuro. Entre tantos factores es difícil dejarse caer a los brazos ajenos, entre tanta mentira sería complicado que cierres los ojos para darme un beso. Pero si pudieras olvidarte de todo aquello, si pudieras meterte en mis pensamientos y comprobar lo legítimo de mi sentir. Si pudieras ser la luna y yo esa estrella que brilla tanto al lado tuyo. Entre tanta tecnología, está lo único que el hombre no pudo reinventar, el sentimiento, el amor y su ausencia, el odio. Si pudieses saltar, yo estaría teniendo la lona que apacigüe tu caída. Pero existe todo lo demás que nos despista de lo realmente importante, que pone capas encima de lo real, de lo original. Si tan sólo no existiesen tanta influencia de la tecnología, no sabría tu nombre y tal vez tampoco sabrías el mío, capaz nunca nos hubiésemos conocido.
Entre tanto correr y trotar, espero que algún día caminemos, con los pies descalzos cansados de tanto andar nos sentemos en el río a ver pasar la vida, un mate, el sol y las sonrisas. Nos acostemos en el pasto, tu pecho sobre el mio mirando las formas de las nubes, jugando a que somos cielo y por un instante, tan solo un instante, pequeño, ínfimo e imperceptible para todo el mundo, estemos nosotros haciendo real, esto que algunos llaman la felicidad.
jueves, 8 de mayo de 2014
El segundo imperceptible
Estaba siendo una noche normal, como cualquiera, nada podía incitarlo para sentirse emocionado desde hace tiempo. Caminaba perfil bajo, hombros en alto y brazos en los bolsillos, como si ocultase la cabeza, las cejas un poco levantadas, las luces apagadas lo dejaban camuflarse entre la gente, perdido, siendo alguien más en un mundo que no pedía su presencia.
Miraba todo ese universo extraño y no podía distinguir como funcionaba, su razón de ser, ni porque estaba ahí.
Era imperceptible a la mirada de ella, que pronto lo verá. Él era la sombra que quedaba entre tantas luces, sin identidad, sin existencia.
Sabía de ella pero nunca la había mirado así, nunca de tan cerca, nunca en primer plano, en persona. Conocía su belleza, no recordaba su voz. Descubrió que una pantalla no transmite el alma, después de tantas fotos cibernéticas, nunca había llegado a vislumbrar eso.
El muchacho venía de muchos fracasos, de haber puesto su corazón en un fuerte, en un sin reacción. Tenía una herida que seguía sangrando. Su cabeza le trababa todo tipo de pasaje hacía el universo emocional.
Fue de repente que la vio, fue de repente que sus ojos se cruzaron, aunque él la había estado mirando horas casi sin poder hacer otra cosa. Esquivaba este choque por miedo a la locura, cada vez que ella estaba por percatarse de su presencia.
Pero entonces se cruzaron, su sonrisa rompió con toda barrera, le alcanzo eso para reaccionar. Fue descubrir que siempre había estado perdido y ahora se encontró nuevamente con él mismo. Fue reaccionar de un problema una vez que ya tenía la cura. Fue como mirarse en un espejo, no por la igualdad con la otra persona, sino porque una vez que la vio, se reconoció a él de vuelta, sintiendo todo lo que alguna vez había sido y todo lo que será. Para él fue como volver a vivir, en un mundo que lo había asesinado: sus sueños, su pasión, su emoción; lo había hecho lo más robotizado y racional posible, el cerebro le había ganado al corazón. Todo era planeado y sistematizado, todo era una cuenta para llegar a un resultado. Todo era así hasta que la vio sonreír.
Toda teoría quedo estúpida ante el baile de sus carcajadas, cualquier barrera quedó inutilizada de defensa, ahora volvía a creer en lo que una vez creyó, nuevamente recordó que en algún momento quiso tanto como le dio la vida. Todo por ese segundo, para tantos imperceptible, para él eterno. Sin darle un beso, se vio en ese espejo, pudo ver su alma y pudo volver a la vida.
Pudo rememorar que es así como se debe sentir, sin decir.
Ella solo con mirarlo y sonreír le devolvió la vida que alguna vez le había sido quitada.
jueves, 27 de marzo de 2014
La diferencia
viernes, 14 de marzo de 2014
Entre mil planetas, entre mil vidas
Él estaba dispuesto a cambiar de piel con tal de quedarse con ella, con tal de poder regalarle besos todos los días.
En las afueras de su alma se encontraba el incierto desalojo de su corazón. La había visto y creía conocer sus pasos. Creía saber que necesitaba y lo feliz que él podía ser en asistirla y acompañarla. Se dio cuenta que debía guardarse tanta entrega, que nunca debería haberse abierto con alguien de otro planeta. Apenas se manejan los mismos códigos con gente de tu propio país ¿por qué los compartiría con ella?
Pensó en ser feliz desafiando las estadísticas. Quiso ir contra lo impuesto socialmente, quiso ser más que un terrícola y un extraterrestre.
No entendió que mientras él quería salvar su mundo, ella quería destruirlo. Quiso ser más, quiso ser ángel y guardián. Sintió las ganas de arremeter contra asteroides y desafió alturas por su amor.
Es que los terrícolas se concentran en lo que sienten, los extraterrestres sienten teniendo, aman por mundos y no por locura, abrazan cosas en vez de almas. Él buscó enamorar un Alíen pensando que el destino los había unido por siempre y vio sus sueños fracasar al ver que su ser alienigeco se fue sin más por no pensar, que mintió en cada una de sus palabras y sabiendo que nunca leería ningunode sus cuentos.
Buscaba amar lo imposible y aprendió a no sentir. Se hizo un poco mutante, con piedras en el alma y el corazón para no poder volar. Usó sus tácticas de vida inteligente sólo pensando sin sentir, la oscuridad de sus orejas gigantes no eran para oír sino para mentir mejor.
¿A dónde fueron tantas palabras usadas para complacer y no por sentir? Los de otros planetas aprenden el idioma terrestre sin saber que significan y así prometen sin esconder culpa, no poseen significación.
Su mano se separó de la de él y entendió que nunca tuvo chances, el partido estaba perdido antes de comenzar.
La noche y las estrellas, la luna y sus marcas, satélites y estrellas fugaces deseos volando en el cielo, la noche flotando entre mil mundos.
Entre tantos esta él, esta ella y están todos los seres. En mil mundos, hay mil vidas.
Cada vez que él miró, el ser miraba, hasta que un día no miró más y empezó a ver.
Cuando estaba por llegar al mundo tuvo que regresar a su planeta y entre tanto patriota suelto no podía equiparar el sentimiento que se había generado de su mentira
Lo usó hasta aburrirse y luego lo soltó, fue la mascota del extraterrestre.
Él, nunca entendió porque hirió así, pero aprendió a no mirar más los telescopios.