viernes, 14 de junio de 2013

La madre

Ella encuentra la pasión y la locura en una sola acción, entendió que para llegar a algo tenía que enloquecerse a fondo. Con demencia desmedida atravesó infiernos y reinos maquiavelicos. Se pasó la vida en una búsqueda que no encontró fin, pero en su locura apasionada supo liberar ángeles cautivos en las garras del más poderoso represor. Esta mujer fue sin armas, sigilosamente a enfrentar al diablo en persona, pasó por los anillos infernales y llegó a lo más profundo de estas cárceles.
Es de entender que se le anime a tal descabellada aventura, quién no dejaría su vida de lado cuando una hija esta en peligro. Por eso el destino, tan sabio, le supo dar muchas hijas, estos ángeles salvados, agradecidos eternamente. Ellos que estaban condenados a una eternidad infernal, hoy tienen voz. Pero esas voces fueron calladas, porque esta madre no supo que Satán llega más lejos de lo que imagina, está más cerca de lo que ella piensa. Su voz escuchada por el pueblo pero callada por la injusticia, las voces de sus hijas adoptivas silenciadas por la mano de sus mismos carceleros infernales, de esos demonios sueltos, muchos vestidos de gobernantes, jueces, empresarios, con saco y corbata. Muchos con familia y amigos, muchos de estos demonios juegan a ser normales escondidos.
Entonces su voz no se oye triste, se escucha decepcionada, se la puede oír con mas fuerza que nunca, porque tan incansable es su reclamo, tan imponente es su lucha y su pasión... y su locura.
Digna de admiración a quien la mire y escuche, digna de asombro para aquellos diablos al no verla caer, porque esta madre los conoce y estuvo allí.¿Será por eso que no puede rendirse?
Entonces el pueblo enmudece al ver que el Diablo no se deja perder y la injusticia ocupa el lugar de su cuasi homónima... y entonces el pueblo enfurece y arremete contra todo, no está bien pero nadie puede controlar aquella furia ocasionada por el final, que los malos siempre ganen. Sin embargo la madre, que ya se convirtió en madre de todos, sigue su batalla con la esperanza de que alguna vez la justicia ocupe su lugar, más no sea en esta vida o en la otra. Y así todos la acompañan y apretan su puño de lucha, porque hoy en día los demonios tiemblan al escuchar su nombre, Susana.

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