miércoles, 4 de septiembre de 2013

No eran de este planeta II

Ellos no tenían tiempo, ni lugar en este mundo, fueron victimas del sentido común de la sociedad. Ese sentido común que debería ser norma coherente para todos, menos para ellos dos.
Desafiaron al mundo con una nueva concepción de lo que algunos llamarían amor, pero decidieron no ponerle nombre. Para algunos, el nombre es lo que le da existencia a las cosas, entonces lo suyo no existía.
Se amaron algunos días, otros no se conocían. Se amaron sabiéndose distintos pero iguales, se amaron así como eran, sin principio ni final.
Sebastián sintió tanto, tanto sintió, que se transformó en el ángel guardián de sus sueños y felicidad. Sin saberlo ya no podría elegir, el destino había jugado la carta de lo inesperado.
María jugaba y se divertía, por momentos a la escondida, en otros a la "casita", sin darse cuenta, jugando y jugando, maría se enamoró.
Nadie los entendería jamás, tal vez ellos tampoco lo harían, solo se sabían poseedores de algo sin lugar en el tiempo, que no estaba en libros, películas ni canciones. Y como nunca lo habían escuchado, no era real; o era tan real que no necesitaban palabras para nombrarlo ¿Cómo nombrar algo que no existe pero que sienten? Al hacerlo le darían existencia y lo harían perceptible a los demás.
Esto era de ellos y nadie más.
De esta forma Sebastián se hizo un poco más ángel y María un poco más humana.

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