Todo está oscuro, el aire me falta, no puedo ver nada por más que abra los ojos. Trato de acostumbrarlos a la penumbra pero no hay un solo rayo de luz. A mis costados siento paredes que no me dejan escapar, intento salir pero solo puedo moverme algunos centímetros de donde estoy.
Mi cabeza trata de recordar cómo llegué a aquel lugar, como me encerré, porque la verdad es que lo hice solo, nadie me obligó, nadie me atrapó. Fue mi propia voluntad, mi inconsciente, mi estructura la que me encadeno.
Miro desesperado todo mi alrededor, ni un solo haz de luz, me siento contra la pared que tengo atrás y poniendo mi cabeza entre mis piernas me pongo a llorar, no hago nada con ello pero no puedo evitar hacerlo, quiero explotar.
Largo un grito desgarrador para descargar esta impotencia, no puedo entender como pude meterme tanto en algo sin sentido.
Y de repente es esa luz, la distinta, la que viene con un aire renovador, la que te hace sonreír entre tanta oscuridad, entre tanta ceguera. Es el alivio de saber que hay una esperanza, una chance, y esa esperanza siempre aparece cuando más enloquecido estás ¿o será qué estuvo siempre? pero antes estaba tan metido en mi lío que no podía ver lo que de verdad sentía, una vez que pude aceptar mi lugar, que pude decir esta es la situación ahora busquemos la solución con paz, ahí se aclaró todo.
Esa luz fue el puntapié inicial para salir adelante para tirar esas paredes que me atrapaban.
De repente aparece esa luz entre tanta avaricia, de repente aparece esa sonrisa entre tanto llanto de tristeza. Esa mirada que te cambia el plano de escala de grises a color, es esa caricia que es tan distinta a todo lo conocido que es única.
Entre tanto dolor siempre estará aquello que lo calme, entre tanta oscuridad el más mínimo haz de luz alcanza para terminar con la ceguera.
La luz le gana a la oscuridad, la esperanza al caos, la paz a la guerra, siempre.
Y todo comienza por esa sonrisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario