viernes, 27 de mayo de 2016

El profesor

Ellos le ensuciaron el alma, el niño pequeño, rubio, de cara regordeta le sonríe y juega. Se levanta, no para de molestar a sus compañeros, les esconde las cosas, les pega y les grita. El profesor lo mira extrañado de donde saldrá tanto rencor. Al pararse lo abraza, lo aprieta contra su pecho muy fuerte, le dice al pequeño que deje el enojo, que puede contar con él, que juguemos juntos, crezcamos, es de las primeras veces que se para ante un público a intentar dar clases. Travieso Daniel, le devuelve el abrazo y esconde su cara en el pecho del principiante.
Nadie lo entiende, ninguna persona le pregunta el porqué, solo lo juzga por lo que hace.
"Miraste mal a tu compañero, te llevas un parte"; "Te estas riendo, anda afuera". Jamás le preguntarán "¿Qué te pasa Daniel, por qué corres?"
Pasan los años y siempre la misma escena, el mismo puñado de docentes que defienden su camino, ayer el niño, hoy un joven adolescente despechado con la vida, encuentra sus pequeños momentos de alegría en el deporte que no le dio la espalda, cuando el tiempo fuera del rectángulo, sí. Sus lágrimas se escapan por entre las gotas de la ducha, se contiene de no llorar adelante de nadie, él no puede ser herido ni lastimado nunca más.
En un arrebato de sinceridad el niño le cuenta sus preocupaciones más profundas al docente de años, este le pide perdón por todos los grandes que no supieron actuar con él. Daniel le dice que todos los grandes son terribles, que son los que deberían enseñar y lo destruyen.
¿Qué culpa tiene Daniel de que la gente sea tan ignorante de sentimientos y de empatía? Nunca pudieron ponerse en su lugar. El profesor valora su porte, su resistir. "Al próximo que me joda lo pongo", le dice el muchacho, de que manera puede decirle que no el docente, si hasta él mismo le gustaría darle una lección a los que se meten con el querido estudiante.
Se abrazan como aquella primera clase, cinco años después, Daniel le dice: "Cuando te vayas ¿a quién voy a abrazar?". Al adulto se le llenan los ojos de lágrimas, siempre se dijo que no puede romperse adelante de los chicos, pero este mocoso le puede un poco más. Se dejan llorar juntos que así aprendieron, un profesor y el otro estudiante, todavía no sabe quién es quién.

martes, 17 de mayo de 2016

El milagro

El miedo apoderándose de su cuerpo, el gusto de un beso que tranquiliza el mundo. Ese segundo para detenerse y mirarla. Se siente rico de sueños, de proyectos. La esperanza partida en dos, no sabe si reír hasta el llanto o llorar hasta la risa. Aterrorizado de pasión, temeroso del futuro incontrolable, como esa flama que ondula sin parar, nadie puede saber ese próximo movimiento.
Deja el mate cebado por ella sobre la mesa, va a su encuentro. Ella lo mira extrañada mientras se acerca. Él le da un abrazo que quiere ser eterno y apoya la cabeza sobre su hombro.
Recuerda el momento que sus miradas se cruzaron. Él con sus chistes, insoportable, ella lo mira con una molestia incontenible. El camino a la perdición. La muchacha canta sobre las letras que salen de la boca de él, improvisa cuentos y su compañera versos, parecerían hechos como dos caras de una moneda, para unirse por siempre, la combinación genera miradas de felicidad al ver un amor juntarse, se siente como un atardecer en el río, algo que termina de ordenarse por fin, una trama de alguna novela o de una película romántica, pero en la vida real.
Idas, vueltas, laberintos, pero todo se encuadra en una sola imagen. La resiliencia de un amor que estaba destinado a su tiempo y forma, anormal, loco, inconsciente.
Es esa unión, ese abrazo, esa sonrisa, que aparta bocas con prejuicios y  miradas de desaprobación, Pobres impunes desalentados a no sentir el piso moverse al ver la sonrisa de ella, o de nadie.
Como el viento bailando con las ramas de los árboles, toma sus manos y se hace girar contra el cuerpo del muchacho, que atónito no cree que exista paz semejante como verla cantar, reír, bailar.
Toda la vida queriendo descubrir el mundo, escaparse para encontrarse, pobre iluso, no tenía idea que el universo puede estar ante sus ojos, en un solo ser. Que estaba partido, desordenado. Que no es quien te desarma el mundo, sino quien lo acomoda, todo tiene sentido en un segundo. Que uno cambia sin quererlo, se amolda al otro sin pensar, sin esfuerzo, se transforma sin que se lo pidan y persevera. El hielo convertido en el sol más ardiente, brillando, solo porque nadie podría no brillar a su lado, Porque se reemplazan los ateos nunca y siempre en férreas palabras revividas de algún momento en el que se les tenia fe.
Ella solo sonriendo, cantando, amando, no sabe todo lo que armó, ordenó y encendió.
Deja de abrazarla, la mira a los ojos, ella le pregunta en qué piensa, le contesta te amo. La muchacha sonríe, sabe todo lo que pasa por la cabeza del muchacho, le responde te amo, lo abraza.
Lo que piensa y siente es una misterio tan grande como su compañera. El milagro en pleno día y noche.    

lunes, 21 de marzo de 2016

El silencio

Giran, giran sin parar. Caminan dibujando círculos. El tiempo siempre moviéndose, ellos sólo con una consigna de momento.
Se camina sin esperanza cuando no se cree en la locura, si no se vive con pasión.
¿Pueden dos témpanos curar sus enfermedades?
Abre los ojos de repente, y la ve, observa la curvatura de su nariz, como termina y se ensambla perfectamente con sus ojos. Al mirarlo siente que todo esta dicho sin nombrar una palabra. Entonces sus dedos, desde el chiquito al gordo, viajan por su cintura, en fila, disfrutando cada centímetro de piel morena que tienen la suerte de tocar. Se percata de un lunar que tiene justo en el costado debajo de las costillas, por encima de su cintura. En un instante parecería como si todo surgiese de ese punto minúsculo, ese color entre el café de su piel y lo blanco de la mano de él. La mano derecha envidia a la izquierda que es la que esta en contacto con su piel. Construyen con sonrisas pasadizos que esquivan el fin de los tiempos, si fuese por el chico, no dejaría de hacerle aparecer ese colmillo que se le traba entre los labios.
Se creen el juego de vivir el hoy, mientras el futuro les choca en la cara, proyectando imágenes en el techo que se hacen presentes en sombras, futuros inciertos, algunos acarician sus almas, otros se las pinchan.
Se da cuenta que por más que uno intente, que provoque, que tiente al destino, uno no se enamora con palabras. Es en los silencios que se da cuenta que está loco por ella, en ese silencio sin incomodidad, en esa forma de mirarlo sin decirle nada. Ella sabe que puede desarticular todo su mundo con el poder de sus dedos, de sus labios, de sus ojos. Desbaratar su mundo con su presencia solamente, sin hablar. Es por ella que es capaz de sentirse realizado, que cambiaría cualquier plan.
Piensa en mil derrotas, tantas batallas perdidas antes de poder defenderse, tantos errores, sólo tienen sentido en ese instante de dos.
Sería capaz de terminar un invierno para que ella no tuviese frío, sus ojos persiguen su silueta, hasta su sonrisa que se escapa de su boca y sonríe.
A su retina llega, de repente, ese momento donde la vio por primera vez, esa mirada enojada por sus chistes, ese canto que no pudo evitar escuchar ¿cómo frenás un árbol cuando se esta cayendo? de la misma manera llegó hasta sus oídos su voz.
Se graba en su mente ese primer beso, que poseía toda la locura que sólo los enamorados pueden tener.
Vuelve su visión a la escena, la mira sonreír, sus ojos lo observan como nadie lo hizo jamás, giran en un circulo constante entre sus pasos, uno siempre terminando en el otro, y puede sentir ese silencio llenarse con palabras que no se dijeron jamás, mientras sus almas se  hablan y se cuentan que quieren ver como se arruga la piel del otro.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Dos metros cuadrados

El pasto verde, largo, de esos que al apoyarse se puede sentir el hundimiento sin tocar el suelo, ese que escapa entre las hendiduras que dejan los dedos descalzos. Sonrisas, juegos, el sol comenzando a caer. Ellos tropiezan con la risa del otro y caen sobre el suelo mullido de verde. No duele, pica; no inquieta, se hace pleno. Una imagen perfecta, el sol dándole en la cara, intenta cubrirse con la cara de ella. Tirado en el piso, ella cruza el brazo sobre su pansa, forman una cruz perfecta. Sus dos caras están enfrentadas. Sus ojos charlan sin palabras. Se dedican a sonreír, no hay ruidos, no hay gente, no hay tiempo. Ella le dice que sus ojos son verdes cuando le pega el sol, él le dice que la quiere, ella solo lo mira y provoca la formación de los hoyuelos que le nacen al mostrar los dientes. La brisa leve del verano les envuelve el cuerpo y les empapa el alma. El cuadro iluminado con la paz que solo ellos pueden darse. La otra dimensión de la que nadie forma parte y nadie podrá jamás imaginar como se siente.
El abrazo, como método de cura para cualquier mal del alma, cualquier pequeña cicatriz es curada por el aleteo de sus manos contra su cuerpo. Caminan con otra sintonía luego de haberse encontrado, como si pudiesen entender el ritmo del mundo y el de la felicidad, que son muy distintos.
La sabia decisión de quedarse cuando todo parecía en contra, provocó el desbaratamiento de su cabeza, porque él pudo entender todo cuando ya lo tenía delante de sus ojos, cuando descubrieron lo que era perderse en la mirada del otro sin palabras mediando. El muchacho pasa la punta de sus dedos por su brazo, ella entra en un estado somnoliento con una sonrisa imborrable en la memoria de quien la ve. La luz que se cuela entra sus cuerpos genera sombras tiernas sobre el pasto, sombras que son uno como ellos.
Ella acompaña con los dedos su piel, a él le explota el pecho, las pulsaciones descienden, cree quedarse sordo porque no hay más sonidos que su respiración en el oído. Inexplicable, un nuevo universo, perfecto, en dos metros cuadrados.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Felices de ser locos

La mira, en ocasiones había imaginado situaciones como aquella.
No pudo evitar pensar en, como se modifican las cosas, con el paso del compañero constante del tiempo. Ese segundero que camina tan cerquita de nuestros pasos.
Ella lo mira, como nadie lo había mirado jamás. Ahora lo desea, él prefiere no pensarlo.
Los ojos se cruzan, la boca juega a dormirse para no hablar, pero sonríe. Se ríen cómplices sin culpas, ni perseguidores, ni palabras.
Escondidos en aquel rincón en las alturas, imaginan no tener edad, es que no la tienen. No tienen tiempo más que el de estar juntos. Risas llenan la habitación y silencios cómodos, besos inocentes disfrazados con su encanto. Aquella mano que dibuja en su pelo garabatos perdidos. Caricias que juegan a juntar sus lunares.
Entre risas y besos, las horas se hacen ratos, los años no son más que números perdidos e incontables. Desde la punta de sus pies, hasta el ultimo centímetro de frente sienten vibrar la alegría y la desobediencia de creerse inmortales, desafiar al mundo que invita a los amores de una noche, ellos pregonan algo más.
Después de tantas noches inciertas, de amores pasajeros, de sudores y calores, infiernos perdidos en el mundo antiguo de la tierra plana. Luego de haber vivido más historias sentidas como conquistas, de sentirse sólo demandado para el castigo divino de la  bacanal. Descubre que eran contactos vacíos, inconclusos, que hacen sucumbir la piel pero no el alma, porque llega esa caricia que sin tocarlo lo paraliza. Con un beso sin maldad, con un candor especial, enciende ese motor ahogado por el efímero poder de los placeres superficiales. Es ahí, entiende que nunca conquisto nada, solo viajó.
Ella cae en su pecho, se ven, la ridiculez de sentirse avergonzados de observarse hasta el alma en cada ojo. Ella lo mira más allá de su ser, le pregunta que piensa pero no hace falta, se besan y eso alcanza cualquier respuesta. Garabatea con su mano en su piel, juega a quedarse a vivir en ella. Se pondrían en la mesita de luz del otro para conseguir dormir con ese poder de sentirse locos.
La pérdida de cabeza, es un signo de distinción, la cordura es estar en la norma, es ser normal, acorde. La demencia es la conducta irreflexiva que denota imprudencia, son temerarios del mundo, y con esa imprudencia se hacen parte uno del otro. Felices de ser locos en este mundo de cuerdos infelices.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Incertidumbre

De repente sucede, hay un momento en que somos conscientes de lo que estamos haciendo con nosotros, a veces estás a tiempo de cambiar, y otras, tenemos menos posibilidades
El miedo latente, la lluvia consciente de haber caído en el pavimento.
La lucha constante y mental, la vida bailando ante sus ojos.
Recostado sobre la cama, de brazos abiertos, con el techo rebotándole las ideas. Entre un ir y venir de pensamientos se encuentra con una que lo deja rumeando un poco más: La vida es cíclica. La ve recostada a su costado, la ve dormir, la desea pero su razón la aleja. La situación es similar, es constante, no sé que te lleva pero lo hace y te cala hondo. 
Mira el cuerpo desnudo de su acompañante, recuerda su mundo hace unos años, otro cuerpos, mismos lugares. El laberinto de su vida.
La vida es un redondel, como no va a serlo si seguimos haciendo los mismo día a día, semana a semana, mes a mes, durante años. 
Claro, no se me ocurrió antes, ahora que estoy jodido de nuevo me doy cuenta, es el puto circulo. Mientras siga en este lugar, va a seguir pasando. Debes ser, tenes que ser, sos, podes, soñas utopías, pero seguís acá. 
Se levanta de un salto sin hacer ruido, abre la puerta y sale al patio, se tira en el banco, mira al cielo. 
Cómo no va a ser un ciclo si estamos todos los días haciendo lo mismo. cómo no vamos a volver a los mismos lugares, las mismas circunstancias. Si cada vez que soñamos, te despiertan. 
Baja la mirada hasta el pequeño árbol que tiene en frente. En esta maraña de pensamientos, le llega un recuerdo de pequeño, quería ser escritor, recuerda el nombre de su primer escrito: Marcos el aventurero. Siempre lo tuvo con él, hasta que la tecnología le dijo que debía borrar ese cuento, la computadora se cansó de guardar, la travesía de un marino que luchaba contra monstruos marinos y criaturas mágicas, siempre acompañado de su amigo Bakú, recuerda ese nombre como si hubiese existido realmente. Al parecer, desde pequeño quería esto.
El niño interno habla constantemente, será que aprendemos a callarlo, tal vez, siempre habla y no escuchamos.
Entonces para interrumpir sus pensamientos llega ella, despierta su ensoñación, la ve parada en el umbral, descubre su silueta sonriendole, su alma rogándole un poco más.
¿Y si me falla, si me lastima, si de repente todo lo que creíste cierto no lo es? para qué arriesgarse a morir de pie, de valientes se lleno el cementerio de desamores. 
¿Quién toca su puerta que está invitándolo a morir de nuevo en sus brazos? quiere caer lejos de la angustia, de la sin razón de morir apartado del mundo enamorado.
 La vida le demostró que hay cosas por las que es mejor no luchar, pero la sociedad le dijo que tenia que tener un amor, armar una familia, tener un trabajo y una educación.
Pero yo quiero ser escritor, quiero conocer gente todo el tiempo, culturas, escribirlas para los que no pueden o para los que no se animan. Siempre quise hacerlo desde aquel cuento que comencé... 
Pero logran eso, aplacar tus sueños por algo funcional. 
Intenta abrazarla pero no puede, no entiende como llegó a ese lugar, de nuevo en la incertidumbre de, perderse en el tiempo de los besos que apuñalan estómagos o partir sin rumbo a nuevos lugares.
Esa catarsis de aquel cuento infantil en una realidad indispensable para discontinuar con la facinerosa vida.
Somos amantes eternos destinados a no ser como diría Cortazar. El amor es eso un rato eterno e infinito. Por eso, será, nunca funcionó, hay que dejar de pensar lo eternamente efímero como algo interminable.  

miércoles, 8 de julio de 2015

Por favor no te vayas

Hay pocos momentos en la vida que uno recuerda como si fueran fotos grabadas en la mente. Algunos dicen que los más significativos de nuestra vida. Menos son los momentos que uno sabe que va a recordar toda su vida de esta forma,  tesoros dentro de nuestro cerebro encriptado.
No puedo recordar el día exacto, pero me enamoré irremediablemente, como diría Cortazar, el amor te atraviesa como un rayo, no se elige.
Recuerdo estar en la Belgrano Media, no puedo tener en mi mente con quién de toda mi familia, seguramente con mi tío, pero tal vez hubiera algunos más ese día.
Eran pocos los partidos que habías jugado con la celeste y blanca, si no me equivoco era Paraguay el rival. Esos detalles no son importantes para el momento que quedó marcado en mi cabeza.
Ya rondaba el segundo tiempo, cuando pasó, no sé exactamente el resultado pero se ganaba y tranquilo. Teníamos la pelota atrás de mitad de cancha, el tres de ese momento hace un cambio de lado, bueno pero con mucha parábola. Entonces fue que sucedió, la pelota alta casi al lado de la luna,  vos estaba dándome la espalda, así que no pude verte la cara, pero sabía quién eras. Entonces pasó, ese rayo que te cala hasta los huesos. Bajaste la pelota como si te la hubiesen pasado desde pocos metros, la acompañaste con el pecho y te jugueteó por el cuerpo. Fuimos 2, 3, 10, 100, los que aplaudieron, después, se sumó el Monumental entero, sólo con pararla de pecho. Desde entonces, me enamoré de esa forma de jugar, divirtiéndote, como dijo Galeano en alguna ocasión, porque vos te divertís cuando jugás.
Años pasaron de aquella vez, pero como aquel día, cada oportunidad que tenés en tus pies la pelota, me enamoro, yo te digo "divertite Lío que me haces soñar", a veces pienso que me escuchas a través del aparato.
Pero, tal vez, como leí en algún lado, te equivocaste, porque amaste tanto o más a la Argentina (que no te dio nada y sólo te pidió) que yo y muchos más. Porque estoy seguro que tenés pesadillas con esos partidos que no te salieron las cosas. Estoy totalmente convencido que tenés hambre de gloria con la celeste y blanca.
Aquellos que te critican por los resultados del Barcelona y la diferencia con los argentinos no te ven jugar nunca en tu liga, tal vez piensan que jugás solamente cuando sale en las noticias que aparecen tus jugadas una vez cada quince días. Tal vez, no vieron el partido contra el Bayern que te iluminaste en esa jugada hermosa que dejaste tirado a uno de los mejores defensores del mundo y se la picaste a Neuer, que vos jugás así, te marcan todo el tiempo y cuando te dejan un espacio aprovechás.
Por esas cosas de la vida, capaz, la gente no piensa que el día anterior cinco defensores están pensando que al siguiente tienen que jugar contra vos y lloran.
Cuando te pones la camiseta Argentina me ilusionás, me haces pensar que podemos ser campeones, aunque no lleguemos, y por eso te doy gracias, eternas gracias.
Mi viejo pudo ver a Diego, yo no pude, videos me quedan de lo grande que fue. Entonces apareces vos, pude soñar, divertirme, aplaudir hasta que me duelan las manos, que se me corte la respiración cuando la tenés de frente a un defensor y sé que alguna locura vas a hacer, que lo vas a pasar y te voy a decir: "Que lindo verte jugar".
Yo te pido que no te vayas de la selección, por dos o tres mediocres que no entienden de fútbol, porque no creo que seamos el pueblo más "futbolero", como escuché en algunos medios, creo que somos el pueblo que más habla sin saber y sin pensar.
Perdonalos, el que te critica no solamente no sabe de fútbol, sino que no entiende que tanto (o más quizás) vos como nosotros querés llenar de gloria este país.

Por favor no dejes la selección, porque sería como esa novia de la que estás muy enamorado y te abandona sin haberse despedido. Dejame seguir enamorado de tu fútbol, de tus travesuras, de tu pasear con la pelota por los rincones de la cancha, de la ilusión de saber que algo más es posible, que todavía no está todo visto, que por más que quieran los defensores no pueden pararte porque sos un re-inventor de este deporte. Quiero llorarte cuando vea que tus piernas no funcionan más, pero dentro de muchos años. Quiero verte en el Mundial 2018 y soñar de nuevo. No te vayas, porque no sé cómo curar el desamor de fútbol, solo sé curar el de una novia, que es mucho más fácil.