jueves, 18 de septiembre de 2014

Antes y después

La noche fría y espesa, el rocío mojaba las hojas del pasto, pocas estrellas llegaban a vislumbrarse pero sí la luna redonda reluciente iluminando como un reflector aquella escena.
¿Cómo recordar en que momento llegaste a donde estás parado? ¿en que momento sos consciente cuando bajaste la guardia?
Ahí estaba él, viendo sus ojos redondos, algo rasgados, esa mirada que calentaba el más frío corazón y ella que sólo miraba como aquel témpano iba desmoronándose. El calentamiento global golpeaba su puerta y no era por causa de la contaminación sino de la purificación del aire.
Expuesto, vomitó recuerdos y heridas, tuvo que respirar hondo para no quebrar la voz y que ella no note que estaba balanceando su pesar entre romperse y arreglarse.
Examinó su pasado, le dijo todo lo que pudo y más, no estaba pensando, era otro él quien hablaba, y explicaba que sentía, y este ya no era.
Le habló del miedo que tuvo de sentir su piel por primera vez, de lo temblorosas de sus manos cuando pudo besarla aquella oportunidad. Contó de todos sus pensamientos cuando tragó saliva, respiro hondo y le dijo "te amo" con tanto miedo como un niño de confesar una travesura. Murmuró sobre sus fantasmas y fracasos, de la primera vez que la vio y cuando la volvió a mirar años después.
Ella sólo fue una espectadora y silenciosa participante del milagro que produjo, detuvo el tiempo y admiro como se caían una a una las capas de aquel muchacho que había aprendido a dejar de querer pero hay cosas que como la bicicleta, nunca se olvidan.
Basto su silencio, su amor para que él tenga esperanzas, por lo menos, en una persona. El peligro de aquello, lo aterraba pero sus besos le daban el valor suficiente para seguir hablando, tirando capas y dejando el tiempo andar como si no existiese.
Pudieron ser conscientes que los minutos, segundos, son un invento del hombre para obligar a enfriar corazones, fueron participes de verse en ese momento que se hacia antes y después.  

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