La realidad les choca las caras, el tiempo se hace presente en cada instante que él la mira, descubre en un solo beso todo lo que el amor puede curar, descubre en una mirada toda la ternura que puede derretir el tempano más helado.
Luego de tanto esperar, él la mira salir de su casa con ese caminar pausado, su pelo castaño hasta los hombros, sus ojos perdidos en cada paso, o tal vez, en otros pensamientos. Aquel valiente la sigue con la mirada mientras se dirige a su auto, esperó tanto por este momento y a la vez tan poco, toda su vida compuesta en un instante.
Ella cansada de dar portazos y lagrimas injustas, nadie pudo mirarla como él lo hace. Destraba la puerta del auto y ella sube, con las expectativas bajas ante aquel muchacho que no tiene mucho para ofrecer, de corazón sencillo y sinceridad sin filtros.
El beso en la mejilla, las ansías que sea la boca de ella con la que roce su piel, la realidad de estar tan cerca y tan lejos a la vez, cuando nada está dicho pero todo esta escrito. Desafiando ideas y razones, cuando todos le decían que apenas la conocía, su alma era la que hablaba para poner todas las emociones juntas, como si en otra vida hubiesen sido una.
Eran dos perdedores, ella ya había perdido mucho, no le quedaba por perder nada, él había perdido tanto como para no querer hacerlo más.
Bajan del auto y caminan juntos hasta el lugar donde van a comer, nunca su piel estuvo tan cerca de estallar, ella daba pasos a tientas todavía sin darse cuenta de lo que provocaba.
Cuando dos almas, que estaban unidas antes de nacer se encuentran, no hace falta más que unas miradas eternas para recordarse, la razón sobra.
El joven espero tanto como fue posible que su alma lo permitiese y no fue en vano, sin esperanzas cargo con el tiempo del sentir y no con el tiempo de los hombres que es muy distinto.
Las agujas se adormecieron y su charla se hizo eterna, mientras sus almas se iban recordando como antes de nacer y separarse, se fueron acercando hasta volver a unirse, como siempre pertenecieron.
Las risas vencieron a los miedos, las palabras terminaron con los conjuros de otros fantasmas y se amaron sin tiempo. Todo sucedía sin darse cuenta, la mente no es consciente del amor hasta que ya es demasiado tarde.
Suben a su auto nuevamente para dejarla en su casa, aunque sus almas quedarían juntas. Al llegar ella larga una carcajada final con la que él se siente extasiado y así al mirarse, todo se acomoda y desacomoda, todo se vuelve parte de la nada y de la nada se arma todo. Así con un beso, una mirada y sin tiempo llega la paz que solo ellos pueden darse.
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