Caminan, siempre caminan. Carlos mira la ventana húmeda de su auto una mañana de invierno, últimamente todo es invierno en sus ojos. Frío polar sin nieve, apoya la cabeza sobre la puerta de madera al llegar a su casa, lamentándose por la perdida de la cual no es responsable, o tal vez sí, a causa de no escuchar.
Ella ha decidido caminar por otros lados, capaz de sentir la piel de otro y tener lo mismo, jugar a ser iguales, jugar a que nunca, él, se cruzó en su vida. Recuerda lo aprendido, no la persona, ni su sombra, ni su perfume, ni sus caricias, todo fue reemplazado por ese alguien que cambió todo.
Carlos se recuesta en la cama que no ha hecho, la ropa tirada por todos lados, es lo único que cambia hace días, ni sus pensamientos, ni el canal de la televisión, ni siquiera la estación de radio. No sabe si es la nostalgia de retenerla o que no tiene las fuerzas para hacerlo. Mira el techo sin mirarlo y escucha el ruido sin oírlo. Le habría dado todo, hasta su propia vida, pero ese era un secreto que guardaba para que no lo use en su contra e igual careció de validez.
La muchacha camina siempre con su cara redonda, achinando los ojos ante la sonrisa de un amor encontrado, mientras el muchacho la pierde poco a poco. Lucha por retenerla en sus recuerdos, su perfume dulce, sus besos amargos, su cuerpo moreno, sus gustos esquizofrénicos, pero el tiempo es cruel y arrasa todo lo que uno quiere retener.
Ella, mira a ese otro a los ojos, mientras hace uso de la desmemoria, poco a poco, deja de importar las aventuras vividas, y los momentos de efímera eternidad. Toma la mano del nuevo amor soltando el anterior, en una baldosa se deshace de cada oportunidad de regresar, de recordar.
Las gotas de la ducha caen en su espalda mientras la cabeza de Carlos se apoya en los azulejos, con los brazos cruzados, piensa en todas las tramoyas que armó para llegar y lo que perdió al partir.
El cenicero lleno y vasos con alcohol de varios días y su cabeza que no para de moverse, no sólo no fue nada sino que hasta fue sencillo olvidarlo.
Ella camina sin penar, ni culpa, tal vez, algún día piense que se equivocó pero serán miseros instantes hasta volver a la desmemoria.
Él piensa que, en alguna forma, todos somos eso, tan sólo recuerdos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario