Entré en el cuarto sabiendo todo lo que iba a pasar, cada palabra que tu boca iba a exhalar, cada pausa, cada lagrima. Como dije entré en el cuarto con vos, antes de hablar me tomé el atrevimiento de darte dos besos por miedo a que sean los últimos.
Como era de esperar te dije que hablásemos de lo que querías, el motivo de nuestro encuentro.
La charla fue una repetición de cosas ya vividas antes por mí, "sos lo mejor", "me encanta como sos", y el siempre buen compañero fiel "no puedo sentir lo mismo" o "no puedo amarte". Aunque ya sabía todo, no podía evitar el dolor del golpe, como un choque o una colisión que ves llegar pero no podes hacer nada para evitarlo, no podes esquivar el dolor.
Como aquel soldado que está rodeado y sabe que no se van a tomar prisioneros, disparo sin miedo todo lo que siento. Como aquel, no por intentar salir con vida, no porque piensa que va a matar a todos sus enemigos como las películas norteamericanas de acción, donde un solo guerrero destruye un batallón. No, el soldado no lo hace por la esperanza de vivir, ya sabe su destino pero muere con honor, dando pelea, muriendo por lo que siente. Así es que no intento convencerte, simplemente disparo mis cartuchos para no quedarme con nada, te muestro lo que escribí para vos, te relato mis sensaciones, mis desencuentros, todo lo que me guardé por miedo a que te escapes a tales sentimientos. Si hubiese sabido que te irías de igual forma, tal vez, lo hubiese hecho mucho antes.
Una vez agotados los cartuchos nos abrazamos, y el llanto te apresura por la angustia de saber que mi amor es sincero y la bronca de que no sea correspondido.
Yo no lloro, capaz no lo haré nunca con nadie, adelante de nadie, porque la verdad es que el llanto me gana en la soledad.
Te miro, tus ojos húmedos, tiemblo, abrazo fuerte, tiemblo pero no me quiebro, no puedo. Sé que mi dolor va a empeorar todo. Solo quiero tratar de hacerte reír y guardarme todo para no generarte más dolor. No quiero llorar adelante tuyo, no quiero la lastima, no quiero que pienses tampoco que no me importa, en estas cosas el dolor del otro me apremia y me hace contenerme.
Cuando estoy yendome, me besas como nunca, el abrazo eterno. El destino se confunde nuevamente cuando me decís "perdón intentemos, no puedo perderte por más que quiera alejarte, siento esas mariposas cuando me hablas, ese calor en mi pecho y ese amor que describís".
Te beso y nos tomamos de la mano para no soltarnos más, para poder creer que no todo está perdido.
En realidad me retiré normal del lugar, vos no pudiste amarme, y cada uno siguió su camino... Pero de esta forma es la única manera que en algún lugar, en algún mundo paralelo nuestros caminos sí se crucen, se encuentren y continúen juntos.
martes, 13 de agosto de 2013
jueves, 1 de agosto de 2013
Lo que no llega
Él no tenía suerte con estas cosas, por qué le pasaría algo así si nunca había mirado bien con su corazón.
Por alguna razón Martín nunca se enamoraba de la chica correcta, pero lo analizaba constantemente.
La miraba, solía hacer una lista de pros y contras, tratando de hacer una resolución lógica del porqué debía estar con la mujer que estaba comenzando a sentir amor. Casi que intentaba convencerse que su elección era la correcta, trataba de elegir al amor de su vida, no solo con el corazón sino también con la cabeza.
Proyectaba e imaginaba futuro, un para siempre lleno de felicidades.
Martín no entendía, no sabía todavía que necesitaba otra cosa.
Tal vez el mundo nos manda a aprender y no sentir, a rompernos para entender como armarnos, a sufrir para lograr entender que el amor siempre va a vencer a cualquier mal. Porque hasta en la peor caída el que termina ganando es el amor, que uno no puede evitar sentir.
Este muchacho entendía el amor como un divino error, algo que sentías pero que podías elegir cuando frenarlo, cuando cambiarlo, cuando no convenía amar y cuando partir.
Él analizaba a la chica y una vez que la lógica y el amar encuadraban, amaba.
Todos estos esquemas se rompieron cuando llegó Anastasia, tan impertinente, tan poco cuerda que podría ser un Adams. Ella no tenía reglas salvo una, no hay reglas, hacer lo que uno sienta cuando lo sienta sin la necesidad de establecer nada.
Martín hizo su análisis típico y la lógica no se correspondió con su corazón, en este caso siempre se iba por miedo a salir lastimado.
Anastasia no analizaba nada, solo vivía el momento mientras se sintiera bien.
Él quería no quererla, pero entendió por qué nunca triunfó en el amor.
No sabía si ahora sí lo iba a ser pero aprendió una lección que iba a romper sus estructuras, "porque la vida se trata de eso, aprender, destruir y volver a construir", diría después.
Entendió que lo mejor que le puede pasar a un corazón es no tener ni la más mínima razón para querer a alguien y aun así no podes evitar quererlo/a. Comprendió que se trata no de ser la mejor opción sino la que no se puede ignorar.
Anastasia le enseño a escuchar y no pensar, a sentir con pies descalzos sintiendo el suelo y dejando de pensar en algo que nunca llega que es el futuro.
sábado, 27 de julio de 2013
Alejandro
Alejandro es el niño que vive en mis sueños, tiene 9 años y me visita algunas noches. Se queda en la calle de mi imaginación y suele aparecer cada tanto para hablar. No importa lo que este haciendo en el sueño, sea sueño o pesadilla, Ale aparece y tengo que dejarlo todo lo que este pasando para compartir con él instantes, para mi son minutos largos o horas pero seguro son algunos segundos. Intento convencerlo cada noche que tiene que volver a su casa con su mamá que tiene 22. Sé que es duro o difícil de creer pero yo no inventé esta historia porque Alejandro vive. Tiene conciencia de sus actos y decide no volver, "Las cosas con mi vieja estaban mal", me dice con su cara seria. Es un adolescente encerrado en un cuerpo de niño.
Ale no me escucha mucho, él no quiere volver, prefiere estar en la calle. No se si es porque mis sueños son mejor que su casa, la información me la suelta de a poco pero siento que estoy por hacerlo entrar en razón al inquilino de mis noches. Es que a veces mis sueños están buenos, visito lugares desconocidos o estoy por jugar un partido importante y de repente aparece el rubiecito con ojos cansados negros y tes quemada por el sol a decirme que quiere hablar o me interrumpe con una broma o jugarreta que trunca lo que hago. Él sabe bien cuando me molesta pero es un nene que le puedo decir, yo haría lo mismo. A veces le presento personas de mis sueños a ver si le gustaría ir a visitarlos, no para que se vaya, siento que lo extrañaría pero para que visite otros sueños, yo siempre hago lo mismo en ellos. Tal vez cuando no aparece va a visitarlos. La cuestión es que no puedo enojarme con él y tampoco ignorarlo es mi espíritu de misión que responde tanto en la realidad como en mis sueños, me siento a charlar con Ale. Creo que ya nos estamos haciendo amigos, me parece que es una de las razones por las que no quiere irse, yo le digo que nos vamos a seguir viendo si vuelve a su casa pero él dice que no. que mis sueños son mejor lugar que la realidad donde existen el hambre y el frío, en mis sueños no hay tales cosas, prefiere eso aunque solo exista unas pocas horas a la noche.
Ale no me escucha mucho, él no quiere volver, prefiere estar en la calle. No se si es porque mis sueños son mejor que su casa, la información me la suelta de a poco pero siento que estoy por hacerlo entrar en razón al inquilino de mis noches. Es que a veces mis sueños están buenos, visito lugares desconocidos o estoy por jugar un partido importante y de repente aparece el rubiecito con ojos cansados negros y tes quemada por el sol a decirme que quiere hablar o me interrumpe con una broma o jugarreta que trunca lo que hago. Él sabe bien cuando me molesta pero es un nene que le puedo decir, yo haría lo mismo. A veces le presento personas de mis sueños a ver si le gustaría ir a visitarlos, no para que se vaya, siento que lo extrañaría pero para que visite otros sueños, yo siempre hago lo mismo en ellos. Tal vez cuando no aparece va a visitarlos. La cuestión es que no puedo enojarme con él y tampoco ignorarlo es mi espíritu de misión que responde tanto en la realidad como en mis sueños, me siento a charlar con Ale. Creo que ya nos estamos haciendo amigos, me parece que es una de las razones por las que no quiere irse, yo le digo que nos vamos a seguir viendo si vuelve a su casa pero él dice que no. que mis sueños son mejor lugar que la realidad donde existen el hambre y el frío, en mis sueños no hay tales cosas, prefiere eso aunque solo exista unas pocas horas a la noche.
martes, 23 de julio de 2013
Kairos
Nelson Mandela dijo: "Nadie nace odiando a otra persona por su color de piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, también se le puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario".
La existencia del amor es natural en nosotros, amamos a esa madre que nos abriga, nos alimenta, nos protege. Amamos ese abrazo, ese beso, ese cuidado. Después la sociedad nos lleva a odiar, porque tal sentimiento es creado por la gente, no es natural del hombre.
El amar a todos es el regalo divino, Dios y el Diablo, el amor y odio.
Me llama la atención como podemos sentir amor y odio. Como se habla de calor y frío, este último lo definen como la ausencia del primero. El odio es justamente la ausencia de amor, la falta del calor humano.
Dios es amor, el odio es la ausencia de amor entonces el odio en realidad es la ausencia de Dios.
Si uno amara a todos, si pudiésemos aceptar al otro tal como es, amarlo y corregirlo con este amor una vez que hizo algo que me dolió. Si pudiéramos imaginar solo por un segundo esto, estaríamos hablando claramente del paraíso.
Es utópico, tal vez estúpido luchar por este mensaje, pero es lo que me da felicidad. El pensar que todos podemos lograr el cambio, que el reino, el cielo, el Kairos está a la vuelta de la esquina y solo depende de nosotros.
Tenemos el edén con nosotros, tenemos la vida y el amor, tenemos todo lo posible para hacer esto realidad, si no vivimos en un mundo perfecto es porque no queremos o no confiamos realmente en esta posibilidad.
Pienso en mi vida con esta misión, no como algo que se hace de vez en cuando, sino en esto como forma de vida.
Te invito a tratar de vivir con este mensaje de amor a todos. Sé sincero con todos, ama, confía, viví con felicidad. Una vez te animes a esto verás que puedes ser libre realmente.
La existencia del amor es natural en nosotros, amamos a esa madre que nos abriga, nos alimenta, nos protege. Amamos ese abrazo, ese beso, ese cuidado. Después la sociedad nos lleva a odiar, porque tal sentimiento es creado por la gente, no es natural del hombre.
El amar a todos es el regalo divino, Dios y el Diablo, el amor y odio.
Me llama la atención como podemos sentir amor y odio. Como se habla de calor y frío, este último lo definen como la ausencia del primero. El odio es justamente la ausencia de amor, la falta del calor humano.
Dios es amor, el odio es la ausencia de amor entonces el odio en realidad es la ausencia de Dios.
Si uno amara a todos, si pudiésemos aceptar al otro tal como es, amarlo y corregirlo con este amor una vez que hizo algo que me dolió. Si pudiéramos imaginar solo por un segundo esto, estaríamos hablando claramente del paraíso.
Es utópico, tal vez estúpido luchar por este mensaje, pero es lo que me da felicidad. El pensar que todos podemos lograr el cambio, que el reino, el cielo, el Kairos está a la vuelta de la esquina y solo depende de nosotros.
Tenemos el edén con nosotros, tenemos la vida y el amor, tenemos todo lo posible para hacer esto realidad, si no vivimos en un mundo perfecto es porque no queremos o no confiamos realmente en esta posibilidad.
Pienso en mi vida con esta misión, no como algo que se hace de vez en cuando, sino en esto como forma de vida.
Te invito a tratar de vivir con este mensaje de amor a todos. Sé sincero con todos, ama, confía, viví con felicidad. Una vez te animes a esto verás que puedes ser libre realmente.
miércoles, 26 de junio de 2013
Antonia
¿Alguna vez tuvieron esos sueños tan reales
que no puede dilucidar si sucedieron o no? ¿Tan reales qué tuvieron que frenar
un segundo a pensar si había pasado realmente
o no? Dicen que solo tenemos los primeros segundos de la mañana para
recordar lo que soñamos sino no volveremos a recordarlos nunca más.
Voy corriendo por una calle sin luces
apenas unos faroles de fondo iluminan el lugar, a los que intento llegar, no me
gusta la oscuridad, me da miedo y quiero escapar de ella. No hay nada que de más
miedo que no poder ver lo que está a nuestro alrededor.
Me despierto con la remera empapada y me
pregunto porque tendré estos sueños tan reales. Por la transpiración voy a
darme una ducha para poder arrancar el día.
Trato de recordar un mínimo instante que
pasa en el sueño pero ya es muy tarde para recordar lo que pasaba y el por qué
de mi tan alarmante escape de la oscuridad. Me causa mucha intriga lo que pasa
con los sueños, por qué existen, cual es su propósito y demás, por eso he leído
mucho sobre el tema. Algunas personas piensan que estos pueden darnos mensajes
de cómo estamos psicológicamente y otros más profundos dicen que podrían estar
hablándonos del futuro.
No es la primera vez que sueño con lo mismo
siempre intento recordar como sigue el sueño o de dónde vengo pero me es
realmente imposible.
Trabajo como repositor de un supermercado
pero mi verdadera vocación es la escritura me gustaría algún día poder vivir de
mis escritos, de mi mensaje que quiero transmitir. Me atrae mucho la idea del
amor, como puede existir este, que nos hacer llevar adelante las más inmensas locuras
sin un poco de lógica. Busco al amor de
mi vida aunque me sentí un fracasado en este punto, ya que he sufrido bastante
y no solo una vez. Por eso trato de
vivir al día esperando sentir eso que se siente cuando es para siempre un
sentimiento.
Trato de escribir seguido para no perder la
costumbre pero la realidad es que los mejores textos son creados cuando tenés
esa inspiración que sale de uno sin poder aguantar las ganas de escribir como
las tuve aquel día en que conocí a Antonia. Iba caminando buscando algo que me
inspire, alguna historia por escribir, algún cuento, algún poema (aunque no son
mi fuerte) cuando la vi, estaba en la plaza tal vez pensando sobre su vida, o
simplemente pasando el rato, fue verla y entender porque habían fracasado mis
relaciones anteriores, la razón era por el simple hecho que no eran ella. Nunca
fui muy extrovertido por eso me cuesta iniciar una conversación así que solo
atine por sentarme en un banco cerca, no sabía su edad, su nombre, ni sus
gustos pero algo me decía adentro que no fue casualidad el encuentro. La miraba
pero siempre de reojo para no parecer un acosador que era lo que menos me
convenía para tal sentimiento de hablarle.
Luego de un rato se levantó y se fue no me
animé a buscarla ni hablarle y pensé que tal vez había perdido la oportunidad
de mi vida.
Voy corriendo por las calles a oscuras,
calles solitarias de fondo una luz y quiero escapar de la oscuridad. De repente
doblo no sé por qué, como si supiera a donde ir. Tomo un pasillo y me acerco a
una puerta, al abrir la puerta siento un ruido fuerte como un disparo y
despierto nuevamente. Tan transpirado como si hubiese corrido y tan real que
podría jurar que oí el disparo.
Me baño, me perfumo y vuelvo a la plaza,
con el coraje que tal vez la encuentre y me anime a hablarle. Llego y ahí está,
me acerco muy despacio para tener la posibilidad de arrepentirme. Me acerco más
y me animo a balbucear un “hola”, el instante en el que me mira es eterno, sus
ojos brillan tanto que no puedo dejar de mirarlos, al verme sonríe, ¿por qué
sonríe? No lo sé pero es hermosa esa sonrisa, quiero que no junte los labios, o
si solamente para poder chocarlos con los míos, quiero frenar el tiempo para no
tener que contestar preguntas ni nada parecido, solo quiero verla. Me contesta
el hola y veo que está leyendo un libro de Paulo Coelho, le pregunto si es el
primero que lee o si le gusta (como si no hubiese diez preguntas antes que esa
para hacerle), me contesta que le gusta mucho y me alegro de haberlo leído
alguna vez. Nos quedamos charlando por horas que para mi fueron minutos, cuando
ya oscureció y nos tenemos que retirar le pregunto su nombre… “Antonia” me dice
y sonríe. La acompaño hasta la esquina de la casa, era como si no fuera la
primera vez que hablásemos.
Voy corriendo por la calle oscura buscando
la luz, doblo ya sabiendo a donde voy, tomo el pasillo, abro la puerta, esta
vez veo la pistola apuntándome y el tiro que me da justo en el corazón. Me
despierto mas agitado que de costumbre y sin entender nada de porque recuerdo
siempre la misma parte.
Luego del trabajo voy para la plaza a
encontrarme con Antonia todavía no puedo dejar de pensar y de escribir sobre
aquel momento. En la plaza Mitre, esta ella, cada vez más hermosa, cada vez
encuentro más partes que me enamoran de su ser.
La cita dura nuevamente horas, nos pasamos
nuestros números celulares y el mundo se detiene en sus labios que esta vez por
obra del mismísimo destino nos juntan. La quiero acompañar hasta la esquina de
su casa pero algo esta distinto ya no sonríe tanto y su mirada está perdida, al
preguntarle qué le pasa me dice que tal vez deberíamos dejar de hablar y lo
justifica diciendo: “no podes enamorarte de mí, suelo lastimar a las personas”,
yo sin entender la razón de esta afirmación le resto importancia porque uno
nunca sabe lo que va a pasar, pero vuelve a repetir que no porque voy a
terminar lastimado. La quiero acompañar hasta la casa pero no me deja, sale
corriendo con lágrimas en los ojos.
La tristeza me invade y la impotencia de
ser un fracasado nuevamente, de tener el error de enamorarme locamente. Llego a
mi casa pensando en que escribir y lo hago, me surgen sentimientos de bronca y mi papel
recibe esa energía, la transforma en palabras de repudio al amor. De repente en
un ataque de bronca se me ocurre llamarla, al sentir varios tonos atiende
comienzo a hablar sin esperar un hola, hago un breve pero intenso monologo de
segundos cuando me detengo a escuchar, del otro lado se oyen gritos y la voz de
un hombre vociferando, “¿me amás? Vos me tenés que amar, porque estamos hechos
para estar juntos así no lo quieras va a pasar ¿entendés?” corto rápidamente y
entiendo porque tuvo esa reacción…
Salgo corriendo al dar vuelta a la plaza de
nuestro amor, la plaza mitre, mi cabeza piensa a dos mil kilómetros por hora,
¿No había sido perfecto nuestras conversaciones? ¿Por qué tanta negación de
repente? ¿A quién había visto que la hizo reaccionar así?
Corro por Lavalle y noto que se corto la
luz, corro por las calles de adoquines con un miedo terrible, corro sin parar,
sin pensar, doblo rápido en 25 de mayo, esta todo oscuro pero puedo reconocer
en que parte entró Antonia cuando la acompañaba, me meto por el pasillo de la
casa, intento abrir la puerta y escucho el sonido de mis sueños…
domingo, 23 de junio de 2013
Olvidar
No me confundan nunca fui rencoroso. La verdad que siempre el enojo se me pasaba después de algunos minutos o hasta de segundos. De hecho nunca fui una persona violenta, nunca me había metido en ninguna pelea, ni siquiera a golpes de puño. No me gusta la violencia, solo el pensar en lastimar a otro me hace sentir de una forma terrible, nunca me gustó ser el chico malo.
En el colegio era un niño bueno, no le tomaba el pelo a nadie allí, pero esta actitud no era compartida de la misma forma con mis compañeros ya que las burlas hacia mi persona estaban a la orden del día.
Solamente tenía un amigo de verdad, Carlos, el cual era un rehén en los chistes de mal gusto que me hacían mis compañeros ya que siempre pensé que era por mí que lo tomaban de punto a él también.
Con el correr de los años fui aprendiendo a formar una especie de escudo, pero no en mi cuerpo sino en mi corazón, nada de lo que me decían me molestaba solamente me limitaba a mirarlos y sonreír. Mi mamá siempre decía que si les demostraba que no me importaba me iban a dejar tranquilo. Así mi escolaridad fue una pesadilla a la cual nunca respondí con golpes, ni insultos. No se puede llamar a una persona violenta, si tal, no contesta semejantes agresiones durante años.
Al terminar el colegio pude hacer una vida nueva en la facultad, lugar donde nadie me conocía y podía empezar nuevamente con la vida social tan alejada de mi realidad.
Al terminar el colegio pude hacer una vida nueva en la facultad, lugar donde nadie me conocía y podía empezar nuevamente con la vida social tan alejada de mi realidad.
Pero no, nunca fui violento y no lo soy, la violencia es estar fuera de mi estado natural, yo siempre fui muy tranquilo, sistemático, estructurado. Violento es actuar con brusquedad, yo actúo con paz, con movimientos armoniosos se podría decir, pero violento no.
¿Agresivo? Tampoco. No se podría decir que soy de esta forma porque no le falto el respeto a nadie y no ataco a nadie.
No soy capaz de matar ni a una mosca, soy demasiado pacifico.
Con el correr del tiempo me fui adaptando al calor humano, a recibir un abrazo, un saludo amistoso, un consejo y escuchar problemas. Me fui sintiendo persona, algo que nunca pude sentir, sentirme alguien para otro, un amigo, un compañero, un novio, pude amar a alguien y así descubrí que este mundo no es tan terrible, solo había tenido malas experiencias de relaciones sociales.
Así fue como un día me recibí y encontré el amor, tuve hijos y un techo para darles. Mi vida se podría decir era soñada, un buen trabajo, no con un salario exuberante pero sí lo suficiente para que mis hijos tengan todo lo necesario y más.
Un día comiendo en un restaurante por cuestiones laborales tuve el agrado de volverme a encontrar con aquellos matones de la infancia teniendo la oportunidad de volver a empezar, de volver a relacionarme con ellos siendo otra persona. Claro, ellos no me reconocían o pretendían no hacerlo porque para ellos siempre fui espárrago por mi contextura física y en clase yo no existía, no era nadie. Así que cuando dije que mi nombre era "Daniel" no sabían de quien se trataba y eso generó en mí algo nuevo, algo que no conocía aún pero iba a conocer.
Me esforcé por ser amigable, por ser gracioso, por ser como ellos, por ganarme su confianza.
Los deleité con historias y chistes, hasta me animé a contar algunas maldades que me hicieron en el colegio como si las hubiese hecho yo. Sí sí, lo hice así, las conté como propias. reían y se jactaban de otras cosas que ellos mismos me habían hecho, sin saber que se las estaban contando al receptor de sus burlas. Gracias a Dios nunca fui una persona temperamental, ni que se enoje por todo, supe siempre como llevar este sentimiento a lo mas íntimo de mi alma.
Para poder terminar con lo que sentía decidí invitarlos a cenar a mi casa. Un día que ni mi esposa ni mis hijos iban a estar para poder charlar con naturalidad y contarles mi infancia infernal, para decirles que no había rencor pero que se habían portado mal, que podría haber sido su amigo toda la vida, podría haber sido un compañero útil y servicial... podría haber sido uno de ellos, que tal vez podría serlo ahora.
Por suerte nunca fui rencoroso y así aceptaron mi invitación a cenar.
Llegaron a mi humilde hogar, llegaron con sus trajes lujosos, en sus autos "0 Km.", llegaron con sus sonrisas anchas como sus billeteras, llegaron y los recibí con mi sonrisa característica Por suerte no soy una persona violenta y rencorosa sino nunca los podría haber invitado.
Los invité a dejar sus abrigos en el perchero y les muestré mi casa, un recorrido por el lugar que me esforcé por tener. Les dije que la cena estaba casi lista, faltaban unos minutos.
No podía creer lo que los extrañaba, extrañaba verlos. Deseaba este momento de reencuentro, de conversación sincera.
Una conversación suave, tranquila, armoniosa.
Nos pusimos a hablar de sus cuentas, de como estafaban a algunas personas mayores con temas económicos y sus sonrisas tan deslumbrantes, tan pedantes. Les serví la cena tan esperada, de entrada una sopa para empezar a deleitarse.
Tomé valor y me animé a confesar la verdad a mis verdugos de la infancia, por suerte no soy un chico agresivo.
Comience a hablarles: "En realidad los invité a mi hogar para contarles la verdad, sé que no me han reconocido pero tenía ganas de mostrarles como dejé de ser un perdedor, como pude reponerme a tanta violencia, a tanto mal trato. Quería mostrarles que pude ser feliz a pesar de esos recuerdos, pesadillas, traumas. Quería mostrarles que si me daban la oportunidad podía ser uno de los suyos, un amigo para siempre". Mientras decía esto escuchaban atentos mientras seguían tomando mi deliciosa sopa. De a poco dejaban la cuchara y se tomaban la cabeza o el estómago obviamente. Mientras continuaba: "Yo soy Daniel Gonzalez, espárrago como solían llamarme, sé que debe ser extraño para ustedes pero es así, sé que se deben estar sintiendo mal ahora, sé que deben pensar que soy rencoroso, pero no lo soy en realidad, siempre tomé su violencia y agresividad hacía mí como un acto de cobardía lo que en realidad son, una basura, unos arrogantes y cretinos. Solo quería que descubrieran que yo también podía ser malo y mucho más que ustedes. No tengan miedo, siempre estuvieron juntos, con sus bromas graciosas y ocurrentes. Juntos, siempre juntos, ahora también van a pasar por esto de la misma forma.".
Platos rotos en el suelo, el mantel desordenado, mis compañeros en el piso, la cena había resultado como estaba planeado.
Por suerte nunca fui violento, ni agresivo, pero por sobre todas las cosas, nunca fui rencoroso. Pero tal vez por maldición o bendición, siempre tuve buena memoria.
Me olvidé de decirles que la sopa era de espárragos...
¿Agresivo? Tampoco. No se podría decir que soy de esta forma porque no le falto el respeto a nadie y no ataco a nadie.
No soy capaz de matar ni a una mosca, soy demasiado pacifico.
Con el correr del tiempo me fui adaptando al calor humano, a recibir un abrazo, un saludo amistoso, un consejo y escuchar problemas. Me fui sintiendo persona, algo que nunca pude sentir, sentirme alguien para otro, un amigo, un compañero, un novio, pude amar a alguien y así descubrí que este mundo no es tan terrible, solo había tenido malas experiencias de relaciones sociales.
Así fue como un día me recibí y encontré el amor, tuve hijos y un techo para darles. Mi vida se podría decir era soñada, un buen trabajo, no con un salario exuberante pero sí lo suficiente para que mis hijos tengan todo lo necesario y más.
Un día comiendo en un restaurante por cuestiones laborales tuve el agrado de volverme a encontrar con aquellos matones de la infancia teniendo la oportunidad de volver a empezar, de volver a relacionarme con ellos siendo otra persona. Claro, ellos no me reconocían o pretendían no hacerlo porque para ellos siempre fui espárrago por mi contextura física y en clase yo no existía, no era nadie. Así que cuando dije que mi nombre era "Daniel" no sabían de quien se trataba y eso generó en mí algo nuevo, algo que no conocía aún pero iba a conocer.
Me esforcé por ser amigable, por ser gracioso, por ser como ellos, por ganarme su confianza.
Los deleité con historias y chistes, hasta me animé a contar algunas maldades que me hicieron en el colegio como si las hubiese hecho yo. Sí sí, lo hice así, las conté como propias. reían y se jactaban de otras cosas que ellos mismos me habían hecho, sin saber que se las estaban contando al receptor de sus burlas. Gracias a Dios nunca fui una persona temperamental, ni que se enoje por todo, supe siempre como llevar este sentimiento a lo mas íntimo de mi alma.
Para poder terminar con lo que sentía decidí invitarlos a cenar a mi casa. Un día que ni mi esposa ni mis hijos iban a estar para poder charlar con naturalidad y contarles mi infancia infernal, para decirles que no había rencor pero que se habían portado mal, que podría haber sido su amigo toda la vida, podría haber sido un compañero útil y servicial... podría haber sido uno de ellos, que tal vez podría serlo ahora.
Por suerte nunca fui rencoroso y así aceptaron mi invitación a cenar.
Llegaron a mi humilde hogar, llegaron con sus trajes lujosos, en sus autos "0 Km.", llegaron con sus sonrisas anchas como sus billeteras, llegaron y los recibí con mi sonrisa característica Por suerte no soy una persona violenta y rencorosa sino nunca los podría haber invitado.
Los invité a dejar sus abrigos en el perchero y les muestré mi casa, un recorrido por el lugar que me esforcé por tener. Les dije que la cena estaba casi lista, faltaban unos minutos.
No podía creer lo que los extrañaba, extrañaba verlos. Deseaba este momento de reencuentro, de conversación sincera.
Una conversación suave, tranquila, armoniosa.
Nos pusimos a hablar de sus cuentas, de como estafaban a algunas personas mayores con temas económicos y sus sonrisas tan deslumbrantes, tan pedantes. Les serví la cena tan esperada, de entrada una sopa para empezar a deleitarse.
Tomé valor y me animé a confesar la verdad a mis verdugos de la infancia, por suerte no soy un chico agresivo.
Comience a hablarles: "En realidad los invité a mi hogar para contarles la verdad, sé que no me han reconocido pero tenía ganas de mostrarles como dejé de ser un perdedor, como pude reponerme a tanta violencia, a tanto mal trato. Quería mostrarles que pude ser feliz a pesar de esos recuerdos, pesadillas, traumas. Quería mostrarles que si me daban la oportunidad podía ser uno de los suyos, un amigo para siempre". Mientras decía esto escuchaban atentos mientras seguían tomando mi deliciosa sopa. De a poco dejaban la cuchara y se tomaban la cabeza o el estómago obviamente. Mientras continuaba: "Yo soy Daniel Gonzalez, espárrago como solían llamarme, sé que debe ser extraño para ustedes pero es así, sé que se deben estar sintiendo mal ahora, sé que deben pensar que soy rencoroso, pero no lo soy en realidad, siempre tomé su violencia y agresividad hacía mí como un acto de cobardía lo que en realidad son, una basura, unos arrogantes y cretinos. Solo quería que descubrieran que yo también podía ser malo y mucho más que ustedes. No tengan miedo, siempre estuvieron juntos, con sus bromas graciosas y ocurrentes. Juntos, siempre juntos, ahora también van a pasar por esto de la misma forma.".
Platos rotos en el suelo, el mantel desordenado, mis compañeros en el piso, la cena había resultado como estaba planeado.
Por suerte nunca fui violento, ni agresivo, pero por sobre todas las cosas, nunca fui rencoroso. Pero tal vez por maldición o bendición, siempre tuve buena memoria.
Me olvidé de decirles que la sopa era de espárragos...
viernes, 14 de junio de 2013
La madre
Ella encuentra la pasión y la locura en una sola acción, entendió que para llegar a algo tenía que enloquecerse a fondo. Con demencia desmedida atravesó infiernos y reinos maquiavelicos. Se pasó la vida en una búsqueda que no encontró fin, pero en su locura apasionada supo liberar ángeles cautivos en las garras del más poderoso represor. Esta mujer fue sin armas, sigilosamente a enfrentar al diablo en persona, pasó por los anillos infernales y llegó a lo más profundo de estas cárceles.
Es de entender que se le anime a tal descabellada aventura, quién no dejaría su vida de lado cuando una hija esta en peligro. Por eso el destino, tan sabio, le supo dar muchas hijas, estos ángeles salvados, agradecidos eternamente. Ellos que estaban condenados a una eternidad infernal, hoy tienen voz. Pero esas voces fueron calladas, porque esta madre no supo que Satán llega más lejos de lo que imagina, está más cerca de lo que ella piensa. Su voz escuchada por el pueblo pero callada por la injusticia, las voces de sus hijas adoptivas silenciadas por la mano de sus mismos carceleros infernales, de esos demonios sueltos, muchos vestidos de gobernantes, jueces, empresarios, con saco y corbata. Muchos con familia y amigos, muchos de estos demonios juegan a ser normales escondidos.
Entonces su voz no se oye triste, se escucha decepcionada, se la puede oír con mas fuerza que nunca, porque tan incansable es su reclamo, tan imponente es su lucha y su pasión... y su locura.
Digna de admiración a quien la mire y escuche, digna de asombro para aquellos diablos al no verla caer, porque esta madre los conoce y estuvo allí.¿Será por eso que no puede rendirse?
Entonces el pueblo enmudece al ver que el Diablo no se deja perder y la injusticia ocupa el lugar de su cuasi homónima... y entonces el pueblo enfurece y arremete contra todo, no está bien pero nadie puede controlar aquella furia ocasionada por el final, que los malos siempre ganen. Sin embargo la madre, que ya se convirtió en madre de todos, sigue su batalla con la esperanza de que alguna vez la justicia ocupe su lugar, más no sea en esta vida o en la otra. Y así todos la acompañan y apretan su puño de lucha, porque hoy en día los demonios tiemblan al escuchar su nombre, Susana.
Es de entender que se le anime a tal descabellada aventura, quién no dejaría su vida de lado cuando una hija esta en peligro. Por eso el destino, tan sabio, le supo dar muchas hijas, estos ángeles salvados, agradecidos eternamente. Ellos que estaban condenados a una eternidad infernal, hoy tienen voz. Pero esas voces fueron calladas, porque esta madre no supo que Satán llega más lejos de lo que imagina, está más cerca de lo que ella piensa. Su voz escuchada por el pueblo pero callada por la injusticia, las voces de sus hijas adoptivas silenciadas por la mano de sus mismos carceleros infernales, de esos demonios sueltos, muchos vestidos de gobernantes, jueces, empresarios, con saco y corbata. Muchos con familia y amigos, muchos de estos demonios juegan a ser normales escondidos.
Entonces su voz no se oye triste, se escucha decepcionada, se la puede oír con mas fuerza que nunca, porque tan incansable es su reclamo, tan imponente es su lucha y su pasión... y su locura.
Digna de admiración a quien la mire y escuche, digna de asombro para aquellos diablos al no verla caer, porque esta madre los conoce y estuvo allí.¿Será por eso que no puede rendirse?
Entonces el pueblo enmudece al ver que el Diablo no se deja perder y la injusticia ocupa el lugar de su cuasi homónima... y entonces el pueblo enfurece y arremete contra todo, no está bien pero nadie puede controlar aquella furia ocasionada por el final, que los malos siempre ganen. Sin embargo la madre, que ya se convirtió en madre de todos, sigue su batalla con la esperanza de que alguna vez la justicia ocupe su lugar, más no sea en esta vida o en la otra. Y así todos la acompañan y apretan su puño de lucha, porque hoy en día los demonios tiemblan al escuchar su nombre, Susana.
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