miércoles, 18 de febrero de 2015
La promoción de la paz
jueves, 30 de octubre de 2014
La suerte echada
Entonces estaban esos ojos besándole el alma. La realidad que se cumple en sus mentes ¿a caso es menos real? si ambos se sueñan, se imaginan al mismo tiempo en el mismo lugar ¿no pasa a ser real eso que piensan?
El destino tan caprichoso como el fuego, los quema, se calcinan sus entrañas y arden sus lágrimas al caer por sus mejillas. El se resiste a la idea de dejarla partir de sus sueños, ella pide limites a sus deseos y se pierde en la inmensidad de su interior.
Aquellas manos que alguna vez formaron corazones, hoy se unen en silencio, se abrazan a escondidas.
¿Qué importa si no pasa en el universo físico? en sus mentes pasa y es igual de real, porque aquellos corazones laten a un mismo ritmo. Escapados del tiempo, viajando por sus pensamientos, se besan sin recelos en las caras de todos y de su ignorancia.
Recuerda ese primer momento que la vio y sus ojos, sin mirarlo siquiera, se apoderaron de él para siempre, esa risa enloquecedora se apropio de su cordura. Desde ese día la amó hasta la locura, toma ese recuerdo y en él la besa para, en su mente, cambiar el destino, aquel opresor que los obliga a vivir en sus pensamientos.
Le pide con una mirada que no se vaya de sus sueños y ella le pide con una lágrima que sean libres de su suerte echada.
Así se amaron sin tiempo, ni lugar, para siempre, en sus mentes y corazones.
miércoles, 15 de octubre de 2014
Al abrir los ojos
lunes, 29 de septiembre de 2014
El tiempo eternamente finito
En este mundo donde todo juega a estar mal, tratando de existir, sobreviviendo. Subsistiendo la mayoría, mientras aquellos que nacieron con todo intentan quedárselo. Se trata de, en este respiro que dura el humano en el mundo, quedarse con todo lo posible o eso enseñan. Cuando lo que más llena no está inventado por el ser, nace con él, es ella, nace en el mismo soplo, extrañamente y se junta con el de aquel muchacho. Mira en el infinito de aquellas ventanas del cielo, entra en razón, o se sale de ella.
Los mortales, los infelices eternos, los minutos pasando por el universo. Animales con el maleficio de ser conscientes de morir, de llorar, de reír, maldición y bendición.
En esta vida, en este pequeño instante que toca formar parte del planeta, de chocar y abrazar la vida de los otros, solamente queda armarse de valor para sentir, que es lo que de verdad viene dado y no la creación del ser humano.
Y ahí esta, la mejor creación jamás creada, el salto en la cadena evolutiva, sin maldad, sin egoísmo, pureza, que rompe con el dolor para hacer eterno lo finito.
Mirada que calienta cualquier invierno, abrazo que refresca el verano, beso que ilumina en la niebla.
La teoría de la evolución rendida a un ser que ya no es humano, no quiere quedarse con nada porque ya tiene todo. Es ella que sólo con el respirar transforma en ese efímero momento la eternidad de aquel que respire con aquella.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Caminos
Ella ha decidido caminar por otros lados, capaz de sentir la piel de otro y tener lo mismo, jugar a ser iguales, jugar a que nunca, él, se cruzó en su vida. Recuerda lo aprendido, no la persona, ni su sombra, ni su perfume, ni sus caricias, todo fue reemplazado por ese alguien que cambió todo.
Carlos se recuesta en la cama que no ha hecho, la ropa tirada por todos lados, es lo único que cambia hace días, ni sus pensamientos, ni el canal de la televisión, ni siquiera la estación de radio. No sabe si es la nostalgia de retenerla o que no tiene las fuerzas para hacerlo. Mira el techo sin mirarlo y escucha el ruido sin oírlo. Le habría dado todo, hasta su propia vida, pero ese era un secreto que guardaba para que no lo use en su contra e igual careció de validez.
La muchacha camina siempre con su cara redonda, achinando los ojos ante la sonrisa de un amor encontrado, mientras el muchacho la pierde poco a poco. Lucha por retenerla en sus recuerdos, su perfume dulce, sus besos amargos, su cuerpo moreno, sus gustos esquizofrénicos, pero el tiempo es cruel y arrasa todo lo que uno quiere retener.
Ella, mira a ese otro a los ojos, mientras hace uso de la desmemoria, poco a poco, deja de importar las aventuras vividas, y los momentos de efímera eternidad. Toma la mano del nuevo amor soltando el anterior, en una baldosa se deshace de cada oportunidad de regresar, de recordar.
Las gotas de la ducha caen en su espalda mientras la cabeza de Carlos se apoya en los azulejos, con los brazos cruzados, piensa en todas las tramoyas que armó para llegar y lo que perdió al partir.
El cenicero lleno y vasos con alcohol de varios días y su cabeza que no para de moverse, no sólo no fue nada sino que hasta fue sencillo olvidarlo.
Ella camina sin penar, ni culpa, tal vez, algún día piense que se equivocó pero serán miseros instantes hasta volver a la desmemoria.
Él piensa que, en alguna forma, todos somos eso, tan sólo recuerdos.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Antes y después
¿Cómo recordar en que momento llegaste a donde estás parado? ¿en que momento sos consciente cuando bajaste la guardia?
Ahí estaba él, viendo sus ojos redondos, algo rasgados, esa mirada que calentaba el más frío corazón y ella que sólo miraba como aquel témpano iba desmoronándose. El calentamiento global golpeaba su puerta y no era por causa de la contaminación sino de la purificación del aire.
Expuesto, vomitó recuerdos y heridas, tuvo que respirar hondo para no quebrar la voz y que ella no note que estaba balanceando su pesar entre romperse y arreglarse.
Examinó su pasado, le dijo todo lo que pudo y más, no estaba pensando, era otro él quien hablaba, y explicaba que sentía, y este ya no era.
Le habló del miedo que tuvo de sentir su piel por primera vez, de lo temblorosas de sus manos cuando pudo besarla aquella oportunidad. Contó de todos sus pensamientos cuando tragó saliva, respiro hondo y le dijo "te amo" con tanto miedo como un niño de confesar una travesura. Murmuró sobre sus fantasmas y fracasos, de la primera vez que la vio y cuando la volvió a mirar años después.
Ella sólo fue una espectadora y silenciosa participante del milagro que produjo, detuvo el tiempo y admiro como se caían una a una las capas de aquel muchacho que había aprendido a dejar de querer pero hay cosas que como la bicicleta, nunca se olvidan.
Basto su silencio, su amor para que él tenga esperanzas, por lo menos, en una persona. El peligro de aquello, lo aterraba pero sus besos le daban el valor suficiente para seguir hablando, tirando capas y dejando el tiempo andar como si no existiese.
Pudieron ser conscientes que los minutos, segundos, son un invento del hombre para obligar a enfriar corazones, fueron participes de verse en ese momento que se hacia antes y después.
lunes, 8 de septiembre de 2014
Paz
Luego de tanto esperar, él la mira salir de su casa con ese caminar pausado, su pelo castaño hasta los hombros, sus ojos perdidos en cada paso, o tal vez, en otros pensamientos. Aquel valiente la sigue con la mirada mientras se dirige a su auto, esperó tanto por este momento y a la vez tan poco, toda su vida compuesta en un instante.
Ella cansada de dar portazos y lagrimas injustas, nadie pudo mirarla como él lo hace. Destraba la puerta del auto y ella sube, con las expectativas bajas ante aquel muchacho que no tiene mucho para ofrecer, de corazón sencillo y sinceridad sin filtros.
El beso en la mejilla, las ansías que sea la boca de ella con la que roce su piel, la realidad de estar tan cerca y tan lejos a la vez, cuando nada está dicho pero todo esta escrito. Desafiando ideas y razones, cuando todos le decían que apenas la conocía, su alma era la que hablaba para poner todas las emociones juntas, como si en otra vida hubiesen sido una.
Eran dos perdedores, ella ya había perdido mucho, no le quedaba por perder nada, él había perdido tanto como para no querer hacerlo más.
Bajan del auto y caminan juntos hasta el lugar donde van a comer, nunca su piel estuvo tan cerca de estallar, ella daba pasos a tientas todavía sin darse cuenta de lo que provocaba.
Cuando dos almas, que estaban unidas antes de nacer se encuentran, no hace falta más que unas miradas eternas para recordarse, la razón sobra.
El joven espero tanto como fue posible que su alma lo permitiese y no fue en vano, sin esperanzas cargo con el tiempo del sentir y no con el tiempo de los hombres que es muy distinto.
Las agujas se adormecieron y su charla se hizo eterna, mientras sus almas se iban recordando como antes de nacer y separarse, se fueron acercando hasta volver a unirse, como siempre pertenecieron.
Las risas vencieron a los miedos, las palabras terminaron con los conjuros de otros fantasmas y se amaron sin tiempo. Todo sucedía sin darse cuenta, la mente no es consciente del amor hasta que ya es demasiado tarde.
Suben a su auto nuevamente para dejarla en su casa, aunque sus almas quedarían juntas. Al llegar ella larga una carcajada final con la que él se siente extasiado y así al mirarse, todo se acomoda y desacomoda, todo se vuelve parte de la nada y de la nada se arma todo. Así con un beso, una mirada y sin tiempo llega la paz que solo ellos pueden darse.