miércoles, 2 de diciembre de 2015

Dos metros cuadrados

El pasto verde, largo, de esos que al apoyarse se puede sentir el hundimiento sin tocar el suelo, ese que escapa entre las hendiduras que dejan los dedos descalzos. Sonrisas, juegos, el sol comenzando a caer. Ellos tropiezan con la risa del otro y caen sobre el suelo mullido de verde. No duele, pica; no inquieta, se hace pleno. Una imagen perfecta, el sol dándole en la cara, intenta cubrirse con la cara de ella. Tirado en el piso, ella cruza el brazo sobre su pansa, forman una cruz perfecta. Sus dos caras están enfrentadas. Sus ojos charlan sin palabras. Se dedican a sonreír, no hay ruidos, no hay gente, no hay tiempo. Ella le dice que sus ojos son verdes cuando le pega el sol, él le dice que la quiere, ella solo lo mira y provoca la formación de los hoyuelos que le nacen al mostrar los dientes. La brisa leve del verano les envuelve el cuerpo y les empapa el alma. El cuadro iluminado con la paz que solo ellos pueden darse. La otra dimensión de la que nadie forma parte y nadie podrá jamás imaginar como se siente.
El abrazo, como método de cura para cualquier mal del alma, cualquier pequeña cicatriz es curada por el aleteo de sus manos contra su cuerpo. Caminan con otra sintonía luego de haberse encontrado, como si pudiesen entender el ritmo del mundo y el de la felicidad, que son muy distintos.
La sabia decisión de quedarse cuando todo parecía en contra, provocó el desbaratamiento de su cabeza, porque él pudo entender todo cuando ya lo tenía delante de sus ojos, cuando descubrieron lo que era perderse en la mirada del otro sin palabras mediando. El muchacho pasa la punta de sus dedos por su brazo, ella entra en un estado somnoliento con una sonrisa imborrable en la memoria de quien la ve. La luz que se cuela entra sus cuerpos genera sombras tiernas sobre el pasto, sombras que son uno como ellos.
Ella acompaña con los dedos su piel, a él le explota el pecho, las pulsaciones descienden, cree quedarse sordo porque no hay más sonidos que su respiración en el oído. Inexplicable, un nuevo universo, perfecto, en dos metros cuadrados.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Felices de ser locos

La mira, en ocasiones había imaginado situaciones como aquella.
No pudo evitar pensar en, como se modifican las cosas, con el paso del compañero constante del tiempo. Ese segundero que camina tan cerquita de nuestros pasos.
Ella lo mira, como nadie lo había mirado jamás. Ahora lo desea, él prefiere no pensarlo.
Los ojos se cruzan, la boca juega a dormirse para no hablar, pero sonríe. Se ríen cómplices sin culpas, ni perseguidores, ni palabras.
Escondidos en aquel rincón en las alturas, imaginan no tener edad, es que no la tienen. No tienen tiempo más que el de estar juntos. Risas llenan la habitación y silencios cómodos, besos inocentes disfrazados con su encanto. Aquella mano que dibuja en su pelo garabatos perdidos. Caricias que juegan a juntar sus lunares.
Entre risas y besos, las horas se hacen ratos, los años no son más que números perdidos e incontables. Desde la punta de sus pies, hasta el ultimo centímetro de frente sienten vibrar la alegría y la desobediencia de creerse inmortales, desafiar al mundo que invita a los amores de una noche, ellos pregonan algo más.
Después de tantas noches inciertas, de amores pasajeros, de sudores y calores, infiernos perdidos en el mundo antiguo de la tierra plana. Luego de haber vivido más historias sentidas como conquistas, de sentirse sólo demandado para el castigo divino de la  bacanal. Descubre que eran contactos vacíos, inconclusos, que hacen sucumbir la piel pero no el alma, porque llega esa caricia que sin tocarlo lo paraliza. Con un beso sin maldad, con un candor especial, enciende ese motor ahogado por el efímero poder de los placeres superficiales. Es ahí, entiende que nunca conquisto nada, solo viajó.
Ella cae en su pecho, se ven, la ridiculez de sentirse avergonzados de observarse hasta el alma en cada ojo. Ella lo mira más allá de su ser, le pregunta que piensa pero no hace falta, se besan y eso alcanza cualquier respuesta. Garabatea con su mano en su piel, juega a quedarse a vivir en ella. Se pondrían en la mesita de luz del otro para conseguir dormir con ese poder de sentirse locos.
La pérdida de cabeza, es un signo de distinción, la cordura es estar en la norma, es ser normal, acorde. La demencia es la conducta irreflexiva que denota imprudencia, son temerarios del mundo, y con esa imprudencia se hacen parte uno del otro. Felices de ser locos en este mundo de cuerdos infelices.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Incertidumbre

De repente sucede, hay un momento en que somos conscientes de lo que estamos haciendo con nosotros, a veces estás a tiempo de cambiar, y otras, tenemos menos posibilidades
El miedo latente, la lluvia consciente de haber caído en el pavimento.
La lucha constante y mental, la vida bailando ante sus ojos.
Recostado sobre la cama, de brazos abiertos, con el techo rebotándole las ideas. Entre un ir y venir de pensamientos se encuentra con una que lo deja rumeando un poco más: La vida es cíclica. La ve recostada a su costado, la ve dormir, la desea pero su razón la aleja. La situación es similar, es constante, no sé que te lleva pero lo hace y te cala hondo. 
Mira el cuerpo desnudo de su acompañante, recuerda su mundo hace unos años, otro cuerpos, mismos lugares. El laberinto de su vida.
La vida es un redondel, como no va a serlo si seguimos haciendo los mismo día a día, semana a semana, mes a mes, durante años. 
Claro, no se me ocurrió antes, ahora que estoy jodido de nuevo me doy cuenta, es el puto circulo. Mientras siga en este lugar, va a seguir pasando. Debes ser, tenes que ser, sos, podes, soñas utopías, pero seguís acá. 
Se levanta de un salto sin hacer ruido, abre la puerta y sale al patio, se tira en el banco, mira al cielo. 
Cómo no va a ser un ciclo si estamos todos los días haciendo lo mismo. cómo no vamos a volver a los mismos lugares, las mismas circunstancias. Si cada vez que soñamos, te despiertan. 
Baja la mirada hasta el pequeño árbol que tiene en frente. En esta maraña de pensamientos, le llega un recuerdo de pequeño, quería ser escritor, recuerda el nombre de su primer escrito: Marcos el aventurero. Siempre lo tuvo con él, hasta que la tecnología le dijo que debía borrar ese cuento, la computadora se cansó de guardar, la travesía de un marino que luchaba contra monstruos marinos y criaturas mágicas, siempre acompañado de su amigo Bakú, recuerda ese nombre como si hubiese existido realmente. Al parecer, desde pequeño quería esto.
El niño interno habla constantemente, será que aprendemos a callarlo, tal vez, siempre habla y no escuchamos.
Entonces para interrumpir sus pensamientos llega ella, despierta su ensoñación, la ve parada en el umbral, descubre su silueta sonriendole, su alma rogándole un poco más.
¿Y si me falla, si me lastima, si de repente todo lo que creíste cierto no lo es? para qué arriesgarse a morir de pie, de valientes se lleno el cementerio de desamores. 
¿Quién toca su puerta que está invitándolo a morir de nuevo en sus brazos? quiere caer lejos de la angustia, de la sin razón de morir apartado del mundo enamorado.
 La vida le demostró que hay cosas por las que es mejor no luchar, pero la sociedad le dijo que tenia que tener un amor, armar una familia, tener un trabajo y una educación.
Pero yo quiero ser escritor, quiero conocer gente todo el tiempo, culturas, escribirlas para los que no pueden o para los que no se animan. Siempre quise hacerlo desde aquel cuento que comencé... 
Pero logran eso, aplacar tus sueños por algo funcional. 
Intenta abrazarla pero no puede, no entiende como llegó a ese lugar, de nuevo en la incertidumbre de, perderse en el tiempo de los besos que apuñalan estómagos o partir sin rumbo a nuevos lugares.
Esa catarsis de aquel cuento infantil en una realidad indispensable para discontinuar con la facinerosa vida.
Somos amantes eternos destinados a no ser como diría Cortazar. El amor es eso un rato eterno e infinito. Por eso, será, nunca funcionó, hay que dejar de pensar lo eternamente efímero como algo interminable.  

miércoles, 8 de julio de 2015

Por favor no te vayas

Hay pocos momentos en la vida que uno recuerda como si fueran fotos grabadas en la mente. Algunos dicen que los más significativos de nuestra vida. Menos son los momentos que uno sabe que va a recordar toda su vida de esta forma,  tesoros dentro de nuestro cerebro encriptado.
No puedo recordar el día exacto, pero me enamoré irremediablemente, como diría Cortazar, el amor te atraviesa como un rayo, no se elige.
Recuerdo estar en la Belgrano Media, no puedo tener en mi mente con quién de toda mi familia, seguramente con mi tío, pero tal vez hubiera algunos más ese día.
Eran pocos los partidos que habías jugado con la celeste y blanca, si no me equivoco era Paraguay el rival. Esos detalles no son importantes para el momento que quedó marcado en mi cabeza.
Ya rondaba el segundo tiempo, cuando pasó, no sé exactamente el resultado pero se ganaba y tranquilo. Teníamos la pelota atrás de mitad de cancha, el tres de ese momento hace un cambio de lado, bueno pero con mucha parábola. Entonces fue que sucedió, la pelota alta casi al lado de la luna,  vos estaba dándome la espalda, así que no pude verte la cara, pero sabía quién eras. Entonces pasó, ese rayo que te cala hasta los huesos. Bajaste la pelota como si te la hubiesen pasado desde pocos metros, la acompañaste con el pecho y te jugueteó por el cuerpo. Fuimos 2, 3, 10, 100, los que aplaudieron, después, se sumó el Monumental entero, sólo con pararla de pecho. Desde entonces, me enamoré de esa forma de jugar, divirtiéndote, como dijo Galeano en alguna ocasión, porque vos te divertís cuando jugás.
Años pasaron de aquella vez, pero como aquel día, cada oportunidad que tenés en tus pies la pelota, me enamoro, yo te digo "divertite Lío que me haces soñar", a veces pienso que me escuchas a través del aparato.
Pero, tal vez, como leí en algún lado, te equivocaste, porque amaste tanto o más a la Argentina (que no te dio nada y sólo te pidió) que yo y muchos más. Porque estoy seguro que tenés pesadillas con esos partidos que no te salieron las cosas. Estoy totalmente convencido que tenés hambre de gloria con la celeste y blanca.
Aquellos que te critican por los resultados del Barcelona y la diferencia con los argentinos no te ven jugar nunca en tu liga, tal vez piensan que jugás solamente cuando sale en las noticias que aparecen tus jugadas una vez cada quince días. Tal vez, no vieron el partido contra el Bayern que te iluminaste en esa jugada hermosa que dejaste tirado a uno de los mejores defensores del mundo y se la picaste a Neuer, que vos jugás así, te marcan todo el tiempo y cuando te dejan un espacio aprovechás.
Por esas cosas de la vida, capaz, la gente no piensa que el día anterior cinco defensores están pensando que al siguiente tienen que jugar contra vos y lloran.
Cuando te pones la camiseta Argentina me ilusionás, me haces pensar que podemos ser campeones, aunque no lleguemos, y por eso te doy gracias, eternas gracias.
Mi viejo pudo ver a Diego, yo no pude, videos me quedan de lo grande que fue. Entonces apareces vos, pude soñar, divertirme, aplaudir hasta que me duelan las manos, que se me corte la respiración cuando la tenés de frente a un defensor y sé que alguna locura vas a hacer, que lo vas a pasar y te voy a decir: "Que lindo verte jugar".
Yo te pido que no te vayas de la selección, por dos o tres mediocres que no entienden de fútbol, porque no creo que seamos el pueblo más "futbolero", como escuché en algunos medios, creo que somos el pueblo que más habla sin saber y sin pensar.
Perdonalos, el que te critica no solamente no sabe de fútbol, sino que no entiende que tanto (o más quizás) vos como nosotros querés llenar de gloria este país.

Por favor no dejes la selección, porque sería como esa novia de la que estás muy enamorado y te abandona sin haberse despedido. Dejame seguir enamorado de tu fútbol, de tus travesuras, de tu pasear con la pelota por los rincones de la cancha, de la ilusión de saber que algo más es posible, que todavía no está todo visto, que por más que quieran los defensores no pueden pararte porque sos un re-inventor de este deporte. Quiero llorarte cuando vea que tus piernas no funcionan más, pero dentro de muchos años. Quiero verte en el Mundial 2018 y soñar de nuevo. No te vayas, porque no sé cómo curar el desamor de fútbol, solo sé curar el de una novia, que es mucho más fácil.  

martes, 23 de junio de 2015

Imágenes

Las paredes cada vez más chicas, el borrón y cuenta nueva que no funciona, los ojos cristalizados por su alienación. Él pierde la libertad ganada, su cabeza que inyecta ideas constantes, no puede parar de rumear respuestas inconclusas. Estados ciclotímicos se apoderan de su ser, imagina su cabeza apoyada en su pecho, mientras la acaricia y piensa cómo lo salvó de caer en el infierno enfermo del individualismo y la soledad.
El invierno llega a sus pies, lo que fue un corazón descongelado, hoy roto. Ese maldito guión que titila esperando una continuación. Esperando la respuesta o la pregunta.
La lluvia, sí, la lluvia lo despierta, mientras le caen una, dos, cien, mil gotas en la cara piensa en las miles de horas que paso a su lado y que pasaría si...

-¿sabes que nunca me aceptaste en facebook?
-¿Cómo apareces?

Un dialogo inherente, insulso, puntapié de su perdición. En ojos que llevaron a su "all in" y apostaría nuevamente si por él fuese. Sacude la cabeza por el agua, se coloca la capucha.

La pantalla del celular, maldito aparato: "¿Y hoy queres salir?" y la pantalla sin respuesta. Hasta que un día, la moneda cayó de su lado. "Bueno ¿a donde vamos a cenar?"

Se muerde el labio de pensar en esos flashes inquietos de su cerebro. Apoya sus manos contra el piso para levantarse, pero se patina.

-¡Para! me mareo- la baja de su hombro mientras gira para apoyarla suavemente en el piso, mientras bailan alguna canción que suena sin importar cual.
-Nunca te voy a lastimar- le dice a ella mientras la mira a los ojos.

Logra despegar las manos del suelo para apoyarse sobre sus pies ya establecidos en el cemento, se encuentra empapado y con frío.

-¡Tenés las manos frías!
-Bueno pero así se me calientan- le dice mientras apoya sus manos entre su remera y su buzo, él se lo permite solo porque es ella.

Comienza el paso trémulo hacia algún lugar perdido, no tiene rumbo aún, las piedras le lastiman los pies.

-¿Qué me miras tarado?-mientras se ríe
-Nada solo te miro, ¿No puedo hacerlo?
-Me pone nerviosa
-Pero me encanta hacerlo.

Se sienta en el borde de la escalera mira el piso, luego, mira el cielo mientras apoya los codos en los escalones superiores, trata de recordar como llegó ahí, las gotas tocan y acarician su boca.

-Necesito que me digas por donde es.
-Izquierda, no para esta es la derecha, a la derecha-mientras mueve una de sus manos.
-Uy Dios, no sabe cual es cual-Entre risas.

Se saca la capucha que tenía para escapar de las gotas de agua, y deja mojar su pelo con la fría lluvia, encuentra una nube con forma de aquel personaje animado o por lo menos eso ve.

El muchacho le mueve la mano y la cabeza muy despacio para no despertarla de sus sueños, la observa un rato y se retira del cuarto. A los minutos vuelve a entrar y la despierta suavemente con besos, recuerda que la última vez que la despertó de otra forma no tuvo el mejor humor. -Dale que calenté el agua, ¿Querés unos mates o preferís café?
-Hmm
-Ahh Claro eso pensaba yo también.
-Mat...
-Supongo que es mate-vuelve a besarle el espacio de piel que no tiene incrustado en la almohada, la mira un tiempo más.

Se apoya en la baranda de la escalera, le cuesta mucho caminar, comienza a correr bajo la lluvia sin pensar.

-Te voy a amar para siempre
-No creo en los "para siempre"
-Nunca te voy a dejar, no te alejes de mí
-No creo en los "nunca".
-No me importa en que creas vos, yo nunca me voy a alejar y siempre voy a estar- le dice ella descaradamente.

Su carrera lo lleva a una casa de rejas, toca el timbre y a los segundos una mujer se sorprende al ver aquel muchacho parado frente a su puerta.

lunes, 22 de junio de 2015

Los ojos cuentan

Los ojos rojos de tanto pensar, el grito sordo que no se permite escuchar producto del orgullo de ser persona y tantas heridas. Abre la boca en un grito ahogado que la ducha no deja escapar. Es preso del destino de saberse imposibilitado de llorar, de gritar por su amor, por su comprensión. Descubre, cómo deja escapar una gota de su cuerpo, para caer al vacío del charco que se forma en sus pies, ya no sabe si son gotas de agua o de llanto pero caen. Su cabeza apoyada sobre los azulejos se encuentra con toda su perdición. Rememora esa última mirada, la profundidad de sus ojos en su rostro. Se acuerda que no puede verlos sonreír.
El fondo de la botella no le da la respuesta que estaba esperando solo le devuelve el desencuentro de no sentir su calor y las vueltas de su cabeza que le cansan el cerebro. El corazón  estremecido por el dolor. Le da un calambre en el estomago el imaginarse sin su beso cada mañana, pero entiende que la sociedad, tal vez  el mundo, lo lleve a esto. Mientras ve caer la gota por el azulejo piensa en cada beso que no le dio y en cada abrazo que entregó el corazón. Cae derrotado, sin fuerzas se deja apoyar en la pared que lo sostiene por el momento. Se siente vencer por la presión, se deja llevar por el peligroso deseo de tocar el piso con la cara. Entonces piensa en aquel primer beso y las gotas del baño caliente se dejan llevar con las de sus ojos. 
Rememora su silueta, alejándose de él, sin miedo. El fuerte se rompe, sus ojos se llenan del gusto salado de sus lágrimas, el aire se corta y la imagen deprimente de su ser desnudo ante la falta de abrigo. 
Se siente responsable de no poder ser, de ni siquiera acercarse, se siente caer en el pavor del fuego frío de la soledad. Ve al sistema arrebatándole todo lo que le quedaba, luchando por no ser timado, lo estafan. 
Tal vez el tiempo forme parte del destino y en algunos minutos se miren a los ojos, sabrán que todo fue un error luego entenderán que son el uno para el otro, que encajan como dos piezas perdidas de un rompe cabezas sin armar. Hasta entonces, serán dos fichas más del ajedrez ya muerto de la desesperanza. La turbina quemada de un avión que sólo queda ver que tanto se estrella. 
 Los ojos se pusieron a contar cuantas veces había perdido la razón por ella y la cuenta dio por mucho ¿Cómo puede él, descontarle al tiempo las ganas de abrazarla? sólo le queda morir para volver a encontrarla, tal vez, en otro tiempo y otro lugar. 

martes, 19 de mayo de 2015

Razones irracionales

La vida escondida entre las nubes, el sol jugando a ser mortal, cae en sueños y pesadillas de aquellos que eligieron creer en el amor.
La sonrisa de un chico de la calle a una viejita que pasea temprano en la mañana, mientras los primeros rayos le mojan su cara.
El ruido del barrendero juntando las hojas de un otoño parecido al anterior.
Las ruedas de aquella bicicleta que supo resistir al tiempo, al oxido y las lluvias.
El caminar de ella entre tantos, su mirada perdida en un horizonte sin destino, infinito como el tiempo.
El viento cómplice de los árboles para su nueva estética y la incapacidad del humano de frenar ante el consumismo efímero y eterno.
Una pareja que se anima a preguntarse si se puede ser feliz, la respuesta de unos ancianos que cumplieron con "hasta que la muerte los separe". La perseverancia de aquel que le lleva flores a ese lugar especial donde duerme su amada.
Él mira el techo, su mente viaja a otros espacios y planetas al hacer esto...
Recuerda ese primer momento que la vio, cuando le explotó el pecho sin aviso, ella hizo alguna mención de conocerlo. 372 días corrían desde aquel instante que todo dejó de tener sentido, miró su rostro dormido en su cama y su cuerpo desnudo tapado por las sabanas que escondían la perdición de encontrarse. El alma se reconoce con apenas estar cerca, un vidrio los separaba en aquel instante y nada los separaría ahora.
El miedo le arranca al joven las ganas de besarla hasta dormirse, la abraza cuando duerme no porque a ella le guste sino para sentirla más agarrado a él que nunca. Terror le produce pensar en su partida en algún momento, tampoco puede decirle aquello. Después de un año sigue sintiendo que las agujas corren al lado de ella y todo tiempo es corto. Seducido entre la adicción a sus besos y el amor incondicional, se sabe cobarde porque nunca le confiesa su verdad. Es ella a quien ha llevado a los lugares más íntimos de él, le ha mostrado cada mundo roto de su universo y lo ha vuelto a reconstruir con sus ojos. Él se lo negará a cualquier persona que camine antes de reconocer que ha perdido toda voluntad y proyecto que no sea junto a ella, sueña con su cuerpo cuando no está e intenta compartir algo más que el alma.
La valentía de abrir los ojos cada día, la sonrisa de unos chicos que terminaron de jugar al fútbol mientras comparten lo que beben. Un niño deja el asiento en el tren a una señora con bastón. Un empresario entiende lo que es la ambición, en vez de querer más regala lo que no necesita, renuncia y persigue su sueño. Dos hombres se animan a declarar su amor a la sociedad. La casualidad sonríe junto con aquellos que no se animaron a quererse en su momento y hoy se encuentran.
La vida rodeada de problemas le da muchas más razones para sonreír si lo mira con sus ojos.

lunes, 13 de abril de 2015

Se fue

Tristeza, una gran tristeza. Como si hubieses sido un abuelo que me enseño a vivir la vida, me gustaría que lo fueras solo para tener una razón justificable adelante de todos para llorar. En vez de eso, debo esconderme en algún lugar privado a escribirte estas palabras de parte de lo que para vos fue un desconocido. Tal vez no, fuiste un abuelo que siempre se supo mostrar por páginas escritas en un libro nuevo. Cartas que quería mostrarle a todo el mundo, porque sos distinto pero no el único que piensa así. Quise demostrar a todos que si pudiésemos ver el mundo como vos lo hiciste, habría chances de tener uno mejor, porque eso querías con la fuerza de tus palabras.
Un día se fue un grande, único, diferente, de aquellos que con solo leerlo le alcanza a uno para quedar enamorado.
Aprendí a ver otras culturas con tus textos, a pensar en la otra mirada que tiene tanta verdad como la mía, comprendí que hay que tener fe en el humano con un mundo que te invita a descreer de todo.
Me angustia no poder escucharte más, no poder leerte en alguna nueva travesía que me invites. Por suerte todavía me quedan cosas tuyas sin leer, así siento que no te fuiste del todo.
Ojalá pueda hacer de mi fuego uno que arda con solo mirarlo, como vos lo hiciste conmigo y tantos otros a través de tus libros, varios te conocerán ahora a partir del homenaje de muchos.
Espero que se cumpla cada delirio que me hiciste pensar cuando jugamos a tener el derecho aquel, tal vez en el último de mis días entienda que todo se reduce a dos aleteos en este viaje. Un hombre de color no es el negro, que los niños pobres son tratados como basura y los niños ricos como dinero. Que en este mundo patas arriba la locura es una bendición y la cordura una estupidez. Que el fútbol puede ser pasión, herramienta y protesta.
Podría estar eternamente citándote, y me quedaría corto con tus enseñanzas.
Porque fuiste, sos y serás un guía eterno, perdón por encontrarte tan tarde, gracias por tanto.
Espero que te hayas encontrado con algo del otro lado, por más que no creyeras que haya, espero, porque deseo poder encontrarte alguna vez, tomar algún mate o algún café mientras te escucho.
Estas no son palabras que ni se acerquen a lo que pienso de vos y mucho más lejos está de un homenaje acorde a tu persona.
Gracias eternas Eduardo.

miércoles, 8 de abril de 2015

La noche

El cuarto oscuro, no hay luces en su interior. Por la ventana entra un haz de luz, que moja con su brillo la punta de una mesa de madera con dos sillas del mismo material a su lado. Una en frente de la otra, la mesa atrás de ellas, la luz que entra en forma de "v" muestra apenas dos esquinas de la tabla y tres cuartos de los asientos. El gris metálico de una pistola resalta entre tanto marrón y negro.
El muchacho se sienta frente a ella, pensativo. Ella lo mira, sabiendo cada palabra que va a decir como siempre, puede leerle la mente, incluso antes que él sea consciente de sus pensamientos.
-Sabés que lo tengo que hacer- le dice mientras mira hacia la ventana, con su codo apoyado en la mesa y la palma sostiene su cabeza.
-No sé si es necesario, sé que es lo mejor pero no quiero- le dice ella mientras mantiene la mirada en su figura.
-Es complicado mantenerte acá, cuando repercute también allá. No se puede estar partido de esta forma.
Mientras le dice esto la mira y puede notar que al rededor de su cuerpo sobresalen unas cuerdas que la mantienen inmóvil en la silla. Ella no puede moverse, no puede escapar, cree que tampoco lo hubiese intentado, ¿a dónde más podría ir?
Él se levanta de su silla y se acerca a la ventana, piensa. Por ella puede ver el verde pasto que termina en algunas piedras, desde donde está, también puede ver el mar de lejos con un oleaje tranquilo que transmite paz. Al volver a mirarla descubre sus ojos llenos de lágrimas, sus cachetes con un rosaseo irregular y su nariz desprendiendo liquidos. Intenta limpiarse con el hombro los fluidos que emergen pero no lo consigue del todo. El joven libera una de sus manos para que pueda con aquel cuadro.
-No podés seguir acá escondida sin repercutir allá, no se puede vivir partido.
-Pero si no lo hacés podríamos ir a donde quisieras: París, Londres, Ecuador, el sur y norte del País, Nueva Zelanda, todo lo haríamos juntos. Yo quisiera acompañarte siempre que quieras, a donde quieras, como quieras. Es tan fácil y lindo a la vez, no tenemos que estar juntos todo el día son pequeños fragmentos de tu tiempo, ni siquiera serias consciente de que estoy ahí. Este es el único lugar en el que puedo estar, ya no soy la que era, es más nunca fui ella.
-Sé que ya no sos ella, tal vez nunca lo fuiste, pero no puedo seguir permitiendolo, ya no tiene ningún beneficio para mí. No me hace bien, cuando estoy allá no puedo seguir recordando lo que pasa acá, no está bien. Esto se transforma en una fantasía cuando estoy allá, no tiene forma. No tiene sentido.
El hombre agarra el arma, la siente más liviana de lo que pensaba, la contempla unos segundos. Ella lo mira con ojos tristes sabiendo que la decisión esta tomada. Él, apunta el agujero negro mortal hacia su cabeza, está a apenas unos centímetros de su cuerpo. Cierran los ojos ambos, pero solo uno los vuelve a abrir sin mirarla sale caminando del lugar. Da vuelta a la casa por el pasto, lo pisa descalzo y siente su suave espesura, al llegar a las rocas se apoya en una y salta sin pensar.
Se sienta en la cama, las gotas de transpiración bajan por su frente y su remera totalmente mojada. Pone los pies en el suelo y siente el frío del piso. Llena un vaso con agua y se sienta sobre un banco de madera que tiene en la cocina, apoya los codos en la mesa que hace juego, la luz de la luna ilumina como puede el lugar, con la mirada en el vacío piensa que alguna vez le pidió que se quede en sus sueños, pero ahora debía sacarla de una vez por todas de ellos, el único lugar donde aún seguía existiendo.

lunes, 16 de marzo de 2015

En la lona

La niebla, siempre la misma niebla, el gusto amargo del alcohol después de una noche de sueños confusos. La lengua aterciopelada por una boca sin nombre, el sudor de un verano perdido. Se encontraba sin placeres en el mundo de los que algunos confunden libertad con libertinaje. La canción del boliche sonando con un pitido constante en su cabeza, aquel estomago por explotar, el pensamiento, perdido y mentiroso, de no volver a embriagarse así.
El recuerdo de ella que todavía no tiene historia, perdido en algún rincón de su cabeza. Intentó olvidarla con otras caras y otras pieles, intentó vivir mil vidas en una sola, se hizo hielo para poder mentir, se hizo frío para poder ignorar los llantos aquellos que intentaban calentarle el corazón más que su cama.
El cigarrillo en una mano, el vaso con el alcohol de turno en la otra, los días pasando, tratando de dormir aquel cerebro cada tanto para no pensar en las heridas que se fue haciendo al caminar. Espinas simulando ser pasto verde y tierno. El recuerdo de ella se estremecía cada tanto, pero no sabía el porqué, nunca había hablado con aquel ser. Había sido remisero de turno, mientras se perdía en otros ojos y en otros brazos, ella también hacía lo suyo.
Años después con la niebla más espesa, sin poder mirar a los costados ni siquiera con su propia voluntad, apareció una vez más. Para aquellos que han sufrido, se vuelve involuntaria su frialdad tan cruel aparente, el dolor es por dentro y más aún cuando no está curado.
Ella hubiese frenado cualquier vendaval con solo una mirada, sus tiernos ojos podían hacer que los lobos y las ovejas sean amigos entrañables, la paz conseguida con una sola palabra de su voz. Él se acerca sonriendo, imposible no hacerlo, intenta conseguir atención de esos besos. La risa que desarma cualquier armadura se interpone entre él y su fría humanidad.
Vuelve escasos los recuerdos de esa otra vida, como si fuera solamente una pesadilla, descubre que de a partes se destroza todo tipo de posibilidad de retractarse. Ya la vio, ya forma parte de sus sueños y anhelos sólo con haberlo hecho.
Indefenso, sin parche en el ojo, ni cuchillo entre los dientes, se acerca trémulo y nervioso, frena todas la palabras que caen en su mente, ¿quién las manda? no sabe, se le ocurren millones al mirarla pero ninguna es suficiente.
La besa, escucha su risa y la ama, no como amó antes, siente que a nadie había amado así, lo que siente es con resignación, sería como si intentara dejar de respirar, de ese modo la ama, con paz.

Muchos creen que el cielo está después de la muerte, él oliendo su pelo en la noche descubre que está junto a él a unos pocos centímetros durmiendo, ella lo apacigua entre tanto infierno.

viernes, 6 de marzo de 2015

Se les duerme el corazón

Entonces se vuelve a ese pensamiento quinceañero rebeldón cuando creía en ese Dios que me mostraba mi abuela, ese que se mama desde la cuna, pero no en la Iglesia que es ostentosa y no me había traído ningún tipo de atracción. Luego de transitada esa etapa se pueden descubrir las distintas aristas de una Iglesia que también apoya al oprimido y puede divisar una diferencia como se puede observar en la sociedad.
Entonces uno conoce curas y monjas, además de los laicos, que luchan por la justicia social, que también son esa Iglesia. 
En un hogar de San Fernando descubrí como un grupo pequeño de Hermanas dejan la vida y servicio por amor a las nenas que llegan a este lugar, se transforman en lo que la misma Iglesia no las deja, en madres de chicas que sufren constantemente en esta sociedad. Ante tanto amor y servicio, uno se contagia y comienza a luchar por estas chicas que vuelven a sonreír después de tanto infierno vivido en sus pocos años, mucho más que algunos ya entrados en varias décadas. Son rescatadas de aquel lugar para ser llevadas a otro donde realmente se puede ver amor (palabra reiterada porque es lo que abunda allí). 
Entonces llega la otra arista, la que me hacía alejarme de la Iglesia y que sigue alejando a tantos, la que se le fue durmiendo el corazón por estar atrás de un escritorio, aquella que no distingue el dolor, la soledad, que por estar en la burocracia se olvido de caminar en sandalias, la Iglesia que le da de comer a aquellos que la critican. Esa Iglesia que me llena de bronca formar parte, porque no se puede decidir con la cabeza lo que se debe hacer con el espíritu, no se pueden arrancar a las madres, a todas esas madres sustitutas, que le dieron a las chicas lo que era un amor sincero y fraterno, esas Hermanas que fueron movidas a dedo por una curia que no es la que me enorgullece. Las nenas del hogar, ya bastante golpeadas, son heridas una vez más por la incoherencia de una Iglesia que no logra ponerse de acuerdo con el amor fraterno que enseñó Jesús; "Hermana, estoy enojada con la naturaleza", dice una de las niñas que no llega a una decena de años.  Muchos intentan mostrar el servicio para acercar a la gente, pero hechos de esta índole no hacen más que demostrar que la Iglesia sigue dormida (por lo menos una parte), ante el clamor del dolor ajeno, ante la opresión recibida, ante la falta de sensibilidad que se gana por estar mirando papeles en vez de sonrisas y llantos. Esa Iglesia no me representa y le dan ganas a uno de cerrar todas las puertas, pero se sigue adelante por esas sonrisas de 5, 6, 7 años y más.
¿Qué se puede hacer ante tanta insensibilidad? Nada más que seguir caminando, por la burocracia que sigue estando en esta institución que no cambia el corazón, que va a seguir perdiendo seguidores. La sensación de cambio por Francisco queda en el mismo subsuelo al ver estas actitudes de quienes manejan las Ordenes locales. 
Tres Hermanas, que supieron transformarse en madres, "movidas" de un día para el otro por los dormidos de corazón que están atrás de un escritorio. Logrando alejar nuevamente al pueblo del Dios que mi abuela me mostró.

miércoles, 18 de febrero de 2015

La promoción de la paz

La promoción de la paz desde la perspectiva de la comunicación. Para plantarnos en esta tarea me parecería correcto primero pensar cuál sería la función de la comunicación, más precisamente del periodismo, en sí mismo. El periodismo es según la Real Academia Española la "Captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades". En esta definición hablamos de la información. La RAE nuevamente nos dice Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada; la que, por referirse a hechos o circunstancias que otros desconocen, puede generar ventajas a quien dispone de ella.
Al encontrarme con estas definiciones antes mencionadas, caí en la cuenta de que en ningún momento se habla de la palabra más nombrada, tal vez, en este tiempo que nos toca vivir; la famosa, tan buscada y tan requerida "Verdad". En la RAE, nuevamente nos basamos en ella partiendo del hecho que todos podemos decir que nos dirá lo cierto con respecto a definiciones en un aparato aceptado por una gran mayoría, verdad es "1. La conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente. 2. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa. 4. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente".
Entonces llegué a la conclusión que aquel ente tan buscado por los encargados de los medios no dejaba o no se extendía a más allá de las mentes de las personas. La definición de la realidad que es otra palabra constantemente utilizada en nuestro tiempo es "verdad, lo que ocurre verdaderamente". 
Al encontrarme con todas estas definiciones a la hora de escribir el ensayo, pensé si estoy en lo cierto cuando pienso en que quiero ser comunicador para llegar a la verdad, la realidad de las situaciones de injusticia. 
Entonces busqué lo que era su contrario o el adversario de la verdad, la mentira. Para Paul Ekman, escritor del libro como detectar mentiras, define a esta de dos formas: falsear hechos premeditadamente u ocultar los hechos, pero con la particularidad que el otro, quien esta recibiendo el mensaje no tiene que saber que su emisor está realizando esto. En conclusión para que una mentira sea considerada como tal, el emisor debe omitir o falsear información adrede y el receptor no debe ser consciente que esta siendo engañado. 
Si bien esto parece que no tiene ninguna preponderancia con el motivo del ensayo, todo tiene un punto, pero necesitaba establecer un marco de pensamiento por los cuales se fue construyendo mi análisis.
En los tiempos que recorremos encontramos una gran polarización en los medios de comunicación, tanto es así que parecería ser que se debe elegir un equipo, bando o perspectiva para admirar la realidad. Esta polarización que sólo causa violencia ante la falta de respeto y de tolerancia en la opinión del otro desde los mismos medios. 
En mis recuerdos queda grabado el discurso dicho por R