Cuando ya ni podes hacer unas tostadas, que en tu mente se reproducen las imágenes de aquella última vez u otras veces que se quedó a dormir y se levantaron a desayunar.
Ese café, esos mates, todo se transforma en "ese" que ya no está, que queda flotando en el universo irreversible del pasado, que no es más un presente y con suerte se transforme en un futuro.
Con la posibilidad de que todo vuelva a empezar, o comience algo nuevo, con la fe de que el amor no puede ser en vano.
Pero ¿cómo hacer para decirle al corazón que deje de sentir? Es imposible que no se rompa en mil tamboreos cuando ella manda un mensaje, me habla, me mira.
El cerebro escucha consejos constantes que no tienen importancia, porque el que decide en estas cosas no es él.
El tiempo relajado, descubriéndose de nuevo, desvistiendo el alma para no romperse, con cuidado.
Las tormentas atraviesan mentes y corazones, no hay razón para asustarse, el amor es paciente, debe serlo para que sea verdadero. Besar cada una de las heridas para curarlas con cariño, el dolor se cura con tiempo y amor, el segundero es constante, lo difícil es encontrar un amor igual, una vez que se encuentra, no puede darse el lujo de abandonarlo. Pero como quien debe encontrarse con uno mismo, también se debe encontrar con el otro, con sus tiempos, con sus locuras, aceptarlas es un gran paso, amarlas es otro, perdonarse y perdonar, días grises para días de sol. La constancia y paciencia, dos patas de un amor sano.
Ahí está ese corazón saltando cuando ella sonríe, se tira sobre mí, canta, juega, hace voces, le cambia la letra a las canciones, no se da cuenta que alborota todas las células del cuerpo, es totalmente inconsciente de lo que causa, así es ella, llega para quedarse, o se va para llegar, no importa, solo interesa que haya estado.
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