Podrían retratar toda su vida en imágenes tan fuertes como su sentimiento, el recuerdo que hoy es vivo como la sangre que corre por sus cuerpos, como si fuese una, esa que flota cuando se cruzan sus miradas.
Ella camina hacia él, sonríe a medias y aquel explota de amor con solo saludarla, la espera mientras camina por la calle, no puede dejar de mirarla, simplemente por más que quisiera no esta en las posibilidades dejar de hacerlo, paso a paso recuerda cada momento con ella.
Entra pidiendo permiso, ella sigue los pasos de él hasta la cocina donde pone agua a calentar para tomar unos mates prometidos de ante mano. Le sudan las manos y no puede parar de pensar todo lo que debería decir y no salen palabras. Ella se sienta en el sillón y juega con una pelota que tiene en el regazo, él solo atina a mirarla y tener algunas palabras en chiste, solo puede salir de esos momentos haciéndola reír, ella lo calla con un beso que cambia todo lo que sintió alguna vez por alguien.
Recuerda la música sonando muy fuerte, muchas personas al rededor que desconocían su amor, ese sigilo que necesitan dos corazones que se quieren despacio, bailan, juegan, sonríen, se esconden, se besan. Se aman con locura pero ninguno tendrá el valor de decirlo.
Toma su mano para saludarla, por momentos le da abrazos, le gusta sentir el gusto de sus besos, tiene ese calor en los labios que logra hacer sentir el cariño, el alma se le sale por la boca cada vez que se besan.
Ambos en su pequeño metro cuadrado de cama, mirandose como solían hacerlo, se besan sin pausas, se quieren sin freno, él le pregunta si le cree, ella piensa que dice querer, entonces dice que sí lo quiere, todo es gracioso cuando hay cariño, se ríen, besan, aman.
La película constante pasando por su cabeza, ella logra ser tan inolvidable como un cielo perfectamente estrellado, logra arraigarse al corazón y de esos lugares no es fácil borrar a las personas. No soporta la idea de que ese lugar de copilota lo ocupe otra persona, que haya quien tome su pelo mientras maneja y se acueste contra su hombro ¿quién más podría ser tan indispensable?
Busca la mejor señal de wifi, hace la cuenta de las horas y le pregunta si puede hablar, ella aparece en la pantalla con su sonrisa, le gustaría meterse dentro de la computadora para besarla, sentir su piel, es lo que más extraña de Argentina, se lo dice pero las palabras no alcanzan. Decide cambiar su vuelo solo para volver a sentir su sonrisa en vivo y directo. Ella corre hasta él, la abraza y levanta en sus brazos, jamás sintió tal felicidad de volver a ver a alguien.
Ella toma su mano mientras maneja, cruzan kilómetros y más para estar juntos, andando, viajan, ríen juegan, cada segundo descubren que no se aburren juntos, que el tiempo es distinto al lado del otro, suman y no restan, lloran pero se consuelan, no hay paz que se compare, la playa, el mar y ellos siempre ellos dándose la mano.
Pasó el tiempo y se sintieron alejarse, hoy rompería cada muro que existe, cada problema que hizo, cada momento que no dijo por frío, por miedoso, por cerrado.
Se desarmó para poder amarse y amarla. Sacó cada pedazo de armadura que le quedaba para exponerse, porque prefirió darlo todo antes de perderlo. Así aprendió que tuvo que pasar por días cambiantes, algunos la encontraba y otros eran de duelo. Pero con solo un día de encuentro alcanzaba para afrontar los otros, hasta que pudiesen juntar sus almas nuevamente, llenar esos recuerdos de otros recuerdos mejores, entendió que con amor alcanza, pero con amor en serio, que para ganar el juego del amor hay que darlo todo y entregarse todo sino no valía la pena jugarlo.
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