La mirada clavada en el horizonte, caminan ambos separados por la costa, no puede evitar recordar cada paso que lo hizo llegar hasta allí, cada mirada, cada sonrisa, cada abrazo, cada beso, las peleas y las reconciliaciones, habían luchado contra todo. Esto sería una prueba más, o no, ya no dependía de él.
Ella con su caminar pausado, él queriendo ir más rápido que el tiempo, no puede hacer nada para cambiar la realidad, solo puede intentar forjar un futuro mejor.
Sería capaz de derrotar un ejercito por su sonrisa y ella no tiene idea de eso, no habría obstáculo que le rompa el amor que le tiene. Desesperado ve las olas romper contra el acantilado, las piedras no se mueven, firmes contra el mar, piensa que así es su amor, que no le va a permitir romperse, ni largarse. Si tan solo supiera las buenas intenciones que tiene de acompañar su felicidad, sin trabas ni problemas, solo tomarle la mano en este mundo tan duro.
Mientras ella tiene miedos y dudas, él solo presenta certezas de esas que solo el amor puro puede dar, sabe el muchacho que irá donde ella vaya, vivirá donde ella viva, morirá donde ella muera y quiere ser enterrado al lado de ella, que nada más la muerte puede separarlo de ella.
Él se para sobre el acantilado, ve solo agua debajo, si pegan el salto caerían en el agua que los atajaría. El muchacho se da vuelta y estira la mano, lleno de amor la mira a los ojos y le propone el salto que solo puede dar si ella toma la suya, es difícil, genera un terror inimaginable pero solo piensa en saltar con ella.
¿Podrá la muchacha tomar su mano, ir contra todo y saltar juntos a la locura del mar?
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